miércoles, 22 de diciembre de 2010

DIARIO DE MEDIOCRIDAD

Un día para un concurso, agrupé mis cuentos bajo el título “Soledades de Garrafón”. Me sigue gustando y deseo que nadie me lo robe, por si algún día me publicaran un libro de relatos.
Vengo a escribir hoy, colándome en un aula de informática de la Universidad de Salamanca, para que no se me vayan de inanición los curiosos que rebotaron por aquí hace unos días.
Yo creo que esto de los blogs es para mediocres. Es una artesanía y, más que exhibicionista, es masturbatoria. Me refiero a que uno goza imaginando que lo leerán, pero la realidad se queda en mucho menos. O en nada.

Ahora voy a recomendaros el mejor cuento que he leído sobre la conciencia de mediocridad. Es de Juan José Arreola, un excelente escritor mejicano que deberíamos conocer mejor si no hubiera existido Juan Rulfo.

Se titula “El discípulo” .  Está ambientado en el renacimiento italiano. Se trata del discípulo en un taller de pintura. Su maestro le ridiculiza, destruyendo además  su obra. Podría copiarlo entero, su extensión no supera el folio y medio. Pero vais a tener que conformaros con los tres últimos párrafos.
(Yo no me conformaría; iría a buscarlo a una biblioteca o lo encargaría en una librería. Copio literalmente la edición de Cátedra, pero en el párrafo culminante, donde dice “hila” me cuadra más que dijera “hiela”).

Trastornado, salgo del taller y vago al azar por las calles. La belleza está en torno de mí, y llueve oro y azul sobre Florencia. La veo en los ojos oscuros de Goia, y en el porte arrogante de Salaino, tocado con su gorra de abalorios. Y en las orillas del río me detengo a contemplar mis dos manos ineptas.

La luz cede poco a poco y el Campanille recorta en el cielo su perfil sombrío. El panorama de Florencia se oscurece lentamente como un dibujo sobre el cual se acumulan demasiadas líneas. Una campana deja caer el comienzo de la noche.

Asustado, palpo mi cuerpo y echo a correr temeroso de disolverme en el crepúsculo. En las últimas nubes creo distinguir la sonrisa fría y desencantada del maestro que hila mi corazón. Y vuelvo a caminar lentamente, cabizbajo, por las calles cada vez más sombrías, seguro de que voy a perderme en el olvido de los hombres.

martes, 21 de diciembre de 2010

GRACIAS. Y NO SE ME OCURRE NADA MEJOR PARA TERMINAR.

No es que Silvio me haya agraciado con otra visita, -que yo sepa- pero reproduzco aquí los últimos dos comentarios que figuran en la "conversación en Segunda Cita" de Mario Vargas Llosa.







Vale. 
















"
















RESPUESTA PRÁCTICA Y CREATIVA DE UN SEGUIDOR SILVISTA A UNA CRITICA JUSTIFICADA

Un buen seguidor de Silvio no debe leer a Vargas Llosa sin tener una permanente alerta: el sentimiento de repugnancia por la manifiesta infidelidad de este individuo a las revoluciones latinoamericanas.





Silvio Rodríguez Domínguez dijo...













Juan de la cruz

Respeto las autosoluciones que para cada asunto asuma "un seguidor silvista". "Cada loco con su tema", como dijo Serrat. Pero aclaro que, cuando leo una novela de Vargas Llosa, el único bombillo que mantengo irradiante es el de la admiración por su talento literario, del que me siento orgulloso como latinoamericano (aunque me den tristeza sus opiniones políticas).
«El más antiguo ‹Más antiguo   201 – 360 de 360   Más reciente› El más reciente»

UNA NUEVA CITA CON LOS ÁNGELES

Ya estaba yo un poco lejos de todo esto de internet cuando me ha llamado una amiga (que no es de la CIA) alertándome sobre el revuelo de mi penúltima incursión en el blog de Silvio. Es un honor para mí y un despilfarro para la humanidad, que Silvio Rodríguez pierda tiempo conmigo. Sabed que él ha escrito sobre mí en 2 ocasiones. No me parece que haya sido justo; os invito encarecidamente a ver los comentarios de su blog. Quiero también proclamar que me enorgullece sobre todo que Silvio también se haya dado una vuelta por aquí.
En un ordenador prestado por poco tiempo respondí esta mañana. Parafraseé al músico ruso Dimitri Shostakovich que, acosado por la prensa soviética porque hacía  una música burguesa que no entendía el pueblo, dio en su 5ª sinfonía una "repuesta creativa de un artista soviético a unas críticas justificadas".
(bueno, yo no soy capaz de adjuntar una sinfonía ni nada parecido para que se me perdone)
Concluyo que ya me queda bien claro que un ortodoxo seguidor del pensamiento silvista sólo se puede leer a Vargas Llosa tapándose un poco la nariz, por la repugnancia política que debe inspirar este escritor a los que quieran ser novicios o novicias de aquel convento. (No he sido muy fiel a lo que escribí, si acierto a traerlo, lo reproduciré literalmente).

Más sosegadamente, diré ahora que "se me han caído los palos del sombrajo" respecto a la persona de Silvio Rodríguez. Espero no tener ningún resentimiento cuando vuelva a escuchar sus canciones. Si es así, será una pérdida.

Aprovecho para recomendaros que disfrutéis -antes de este episodio ya lo pensaba- de quienes, para mí, son los mejores creadores del siglo XXI. Creo que si vivieran Bach, Leonardo, Cervantes o Lope de Vega, Dante etc estarían haciendo películas de animación.
Concretamente recuerdo que me han gustado mucho: Horton, Buscando a Nemo, Los Mundos de Coraline y Up.
En estas obras de arte, como en algunas de las mejores canciones de Silvio, uno encuentra impresiones, resonancias, paladares, que le ensanchan la sensibilidad; también la bondad.
¡Viva la inocencia!

viernes, 17 de diciembre de 2010

POR SI NO CONSIGO TIEMPO

Para escribir el blog hasta el año que viene, que es lo más probable (no quiero seguir dando envidias, pero aún me quedan vacaciones anuales por disfrutar) os dejo esta hermosísima canción que a mí me desbloquea los lagrimales.

http://www.youtube.com/watch?v=OZXMi6spAY0

Posdata: hay otra versión de esta misma jota por el mismo grupo en distinto sitio, que seguro biscaréis porque la canción se recomienda sola.

Para ayudar os copio la letra
Al subir la paramera,
 volvi la cara llorando,
Serranillos de mi vida,
que lejos te vas quedando, (Bis)
Las uvitas de tu parra,
están diciendo comeme, (Bis)
pero los pámpanos dicen,
que viene el guarda, que vieneee

Serranillos es un pueblo de la Sierra de Gredos, y está (más o menos, espero que no se molesten los lugareños) en un páramo.

Más sobre segunda cita.

Desde mi pequeña esquina he perturbado algo a los seguidores del blog de Silvio Rodriguez. Hasta han aparecido comentarios en mi blog, lo cual da a esta página mucha más vida de la que tenía. También en el blog de Silvio me han respondido y yo no tengo por qué callarme, así que mandé este correo, que -ahora sí- espero me publiquen. Lo titulo con una cita del cantautor.

CREYERON QUE ERA DISIDENTE Y NO ERA MÁS QUE NATURAL.
Yo disiento de muchas opiniones, y no quisiera perturbar al creador, que, seguramente también, lo que mejor hace es canciones. Por cierto. la de "qué fácil es" me parece que ya apuntaba algo a Mario Vargas Llosa.
Lo que no me parece natural es que de entre los seguidores de Silvio, que es una trinidad de poesía, música y voz, no haya (me parece poco la mitad) un 75% de justos que reconozcan que es una alegría y un orgullo para todos los que amamos nuestra lengua y la literatura, que a Mario Vargas Llosa le hayan concedido el premio más prestigioso del mundo. Porque es un artista de la palabra, por lo menos, tan bueno como Silvio.
Por supuesto, respeto a todos los que crean que "pesa más" el que Vargas Llosa rompiera desde principios de los 70 con la revolución. Y  a los que no soporten su liberalismo o sus críticas.
Pero Silvio, de artista a artista (hablo por Vargas Llosa) debías salir en su defensa, aunque sean muy socorridas las conversaciones sobre la climatología.

PD. en mi humilde blog ya ha escrito alguien que no puede salir en el tuyo.
POSDATA PARA MIS PARROQUIANOS: parece que quiero atraer gente. No es éste el motivo principal por el que sigo esta historia. Pero, por mi parte, bienvenidos sean.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Para seguir dando envidia

En mi vida, no sólo conocí la atención de Silvio. Un día de invierno, en el Teatro Avenida de Ávila, alrededor del año 1990 acudimos a un concierto gratuito de este artista. Éramos 14 personas, él nos contó desde el escenario. Hizo un gesto teatral miró el cheque que tenía en el bolsillo de la camisa y dijo "no me cuadra".
Nos dio su concierto completo, domina la guitarra y los teclados, aunque no había un piano de cola para hacer este alarde que veréis. Haced un esfuerzo por verlo. ¡¡¡es alucinante!!! Siento emplear estas grafías internáuticas pero es que no tengo tiempo de buscar las palabras necesarias para describir lo que vais a ver, es una borrachera de habilidades, un artista total, un esquizofrenco estereofónico, la auténtica rehostia.... (me parece que por mi incapacidad o impaciencia se está precipitando el nivel de este blog)

Pues este tipo tan portentoso estuvo hablando con nosotros 2 minutos. Guardo además del recuerdo, el cartel de la actuación.

http://www.youtube.com/watch?v=K8JjLb9YXfc&feature=related

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Me han publicado el comentario en el blog de Silvio Rodríguez

Y pido disculpas, porque pensé que me lo censurarían y no lo han hecho. Estaba equivocado. No sé como explicarlo, será que mis razonamientos parecieron razonables, será que no entran en ese blog personas de ideas distintas a las de Silvio, será que los que entren lo hacen con insultos y exabruptos, o con faltas de ortografía y comentarios oligofrénicos, que ahí si entiendo la censura. Será como fuere, pero yo me quito el gorro y me alegro de haber participado para que me sacaran de mi error.

EL BLOG "SEGUNDA CITA" DE SILVIO RODRÍGUEZ

Cuando todavía me permitían subir videos a este blog, elegí proyectarme al ciberespacio cantando una canción de Silvio. Le admiro por encima de cualquier otro artista contemporáneo. En los últimos 25 años he disfrutado muchísimo de él. Pero no sólo eso: he comprado sus cintas y sus cd originales, que ahora siguen costando 18 ó 20 €,  y he acudido religiosamente a sus conciertos. En Salamanca, en 1989, me firmó un autógrafo y conseguí interesarle 30 segundos, con una pregunta, incluso, en la conversación, me dijo que si le dejaba mi dirección, me contestaría. Le dí el papel escrito a uno de los que velaban por su integridad. 
Treinta segundos estuvo hablando conmigo. Cada vez que le oigo me parece increíble que un ángel como él estuviera ocupándose 30 segundos sólo de mí. Los de la cola de autógrafos me preguntaban "¿Qué le has dicho?".  Pocas veces me he sentido más envidiado.
Después fui a verle a Madrid, una vez al Palacio de Congresos y otra, a la Plaza de las Ventas, con L. A. Aute. Pero me fue imposible acercarme.
Recientemente, para promocionar su último disco, que se llama "segunda cita" Silvio mantiene un blog. Los comentarios son unánimes, algo imposible en internet. No me cabe duda de que hay censura.
Y me parece mal, muy mal, así que escribí este comentario. De momento, no lo han publicado.

LA CORAL MONÓTONA.
A este blog lo comparo con el principio de un concierto coral: el director, Silvio, da el tono de su diapasón; inmediatamente 200 ó 300 ecos se ocupan de abundar, sobreabundar y de no desafinar.
En todo el concierto no existen voces disonantes, pero tampoco armónicas, ni hay contrapunto; pero es que ni siquiera hay melodía. Todos repiten la misma nota. Puede que por convicción, pero puede que también esperando que Silvio se fije en ellos, responda, o acaso llegara a tomar alguna idea en sus futuras canciones.
Pero, a mí me resulta terriblemente aburrido. No lo suelo leer.
Además no se parece nada a otros blogs, que son democráticos, donde la gente critica, se burla, se opone.
La censura es un insulto a la verdad, a la inteligencia. No entiendo como Silvio Rodríguez el autor de canciones como “locuras” “Y nada más” “la primera mentira”… puede haber dado la llave a un carcelero para que impida que en este edén ortopensante salga cualquier discrepancia.
Los comentaristas parecen una secta, o un convento. Aprecio que quedan más creyentes en la infalibilidad de Silvio que en la del Papa.
Escribo esto porque hoy he tenido la paciencia de leer los comentarios sobre el Premio Nobel a Vargas Llosa. Esa “tragedia” latinoamericana que, definitivamente, lo iguala con Gabriel García Márquez, que era el campeón, (con la ventaja de estar bendecido en Estocolmo) de la izquierda latinoamericana.
En el diapasón que elige Silvio aparece entre otras cosas, que Vargas Llosa se ha contradicho y citan una carta de hace 40 años. Hay muchos coros sobreabundantes, pero ¿Quién no se ha contradicho en estos últimos cuarenta años?
Silvio no, desde luego.
Aunque en este blog habrá alguien que diga ¡ANATEMA!  Silvio es puro, Silvio no se vende, Silvio no traicionará nunca a la Revolución. Silvio es fiel a sí mismo. De esto estoy seguro porque toda persona que piense, que lea, que escuche, que quiera buscar la verdad, cambia de opinión, evoluciona.
Vargas Llosa no reniega de su pasado, asume sus contradicciones y polemiza, argumenta, razona, es transparente, no propicia adhesiones inquebrantables. Y es tan buen escritor como G. G. Márquez.
Algunos hablaron de la pureza de JP Sartre, que rechazó el premio, frente a este plutócrata, vendido, traidor, perdedor con Fujimori, que lo acepta.
Pues Gabriel Gª Márquez lo aceptó, en el lejano 1982, y bien que lo celebramos todos, a pesar de que el ejemplo de coherencia de Sartre estaba más próximo.
El caso era atacar a Vargas Llosa, que, con toda justicia, acaba de empatar la partida.
A mí Silvio me sigue encantando, pero hay actitudes que decepcionan. Y ya.

P.D. al censor. Como no espero verlo publicado en vuestro blog, lo publicaré en el mío, que se llama, por si tienes la curiosidad “Guerra civil en el Barranco de las 5 villas de Ávila

martes, 14 de diciembre de 2010

El último video. La última foto

Hoy es 14 de diciembre, que suena a huelga general. También es mi santo, San Juan de la Cruz, con el que ya sabéis la relación que tengo.
Pero a este blog le han dado un golpe de estado informático.
Hasta ayer pude "subir" fotos y videos propios con un sencillo enlace en el editor.
Desde hoy 14-D, si es que se puede,  tiene que ser a través de Google y poniendo unas contraseñas en las que acepto cosas que vienen en inglés. Puede que sea una medida de seguridad contra todos los ataques que están realizando los solidarizados con Wikiliks, pero más bien pienso que es la vieja práctica comercial de primero "pase usted que es gratis" y luego te empezaremos a cobrar. "Quien regala bien vende". En este mundo de internet el cobro es que te piden más datos, que te metas en más sitios suyos, para que así arrastres a más gente que a su vez arrastre más gente y termines mirando su publicidad, que será de donde saquen sus dineros.
Yo corto esta cadena. Lo siento por los aportes de la imagen, que daban vidilla a este diario. Ahora, quien me quiera seguir tendrá que conformarse con lo que escriba. Hay que ver lo positivo: yo tendré que esmerarme para conseguir con la escritura sola, el atractivo que hasta ayer aportaban mis imágenes.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Y vosotros ¿quién decís que soy yo?

Puede parecer sacrílego el usar, aplicada a mí, una frase de Jesucristo. He tomado la literalidad, no me acuerdo del contexto en el que aparece en los evangelios. Quiero presentar aquí a un pueblo enfrentado (Mombeltrán) al que llega un forastero (yo, que escribí con mi nombre y trabajo), que se atreve a hacer una sugerencia tan razonable como que las campanas de la iglesia se apaguen durante la noche. Después aparecen comentarios que tratan de definirme. Por eso, la frase.
http://www.foro-ciudad.com/avila/mombeltran/mensaje-2529759.html
Creo que lo prudente era apartarse de las vías de estos trenes, pero no pude evitarlo, también me gusta provocar, así que reincidí.
http://www.foro-ciudad.com/avila/mombeltran/mensaje-2559849.html

El Tío Juan.

El día 22 de mayo de 2009 falleció Juan González Sánchez, había nacido en 1912. Le debo a este hombre 8 horas de conversación y un primer contacto con la Memoria de Mombeltrán. En su día, gracias a él, escribí un relato sobre el homicidio en 1941 de un cabrero, Farruquillo, por un vecino de Villarejo del Valle. Guardo de Juan esta hermosa foto. Pero, sobre todo, debo a este hombre una experiencia sentimental que quiero compartir con quien quiera recibirla a través de esto que escribí hace año y medio, a la vuelta del viaje.


LA CUARTA DIMENSIÓN DEL AMOR
Cuando se llega al límite más agudo se embotan las palabras. Es como tratar de afilar más un alfiler. Ayer fui testigo del cariño verdadero, del amor hermoso. No había nada material en que ese amor pudiera sustentarse. Pero yo lo vi. Les juro que flotaban, y era de amor, no podía ser otra cosa.
En Mombeltrán tengo la suerte de poder aprovecharme a través de la conversación, de la inteligencia y la memoria -de casi 95 años- de Juan González Sánchez. Ayer volví a recibir de él otra lección, pero esta de talla sobrehumana.
Era tres de octubre por la mañana, diluviaba en este Valle y Juan perdió el autobús que toma todas las mañanas para ir a ver a su esposa de sólo 82 años que está postrada en la residencia de ancianos de La Parra. El hombre se quedó apesadumbrado y no fue capaz de comerse la comida, y la señora del restaurante en castigo maternal, decidió no cobrarle el cubierto, a sabiendas de que persona formal y cumplidora como es, otro día se esforzará en comer para saldar la deuda; pero el buen señor, ahora por este último motivo, añadió otro pesar a ese día tan oscuro.
Con ese mohíno me lo encontré yo, que nunca sé como pagarle la conversación, y me ofrecí a acercarle dentro de una hora.
-“Pues no sabe cuánto se lo agradecería”.
Parece que empezaba a escampar en su alma. Contento montó una hora después en mi coche y más contento, desde dentro del vehículo, yo le vi cruzar el jardín del recinto donde cuidan a su amada.
A la media hora, vino a buscarme: “Venga usted a verla, que le quiere conocer” Subimos a la habitación, ahí estaba, postrada, junto a una compañera en idéntica situación. La alimentan por suero; hace años que no pronuncia una palabra.
Un hilillo de vida late en esos ojos que se abren para Juan. La angustiosa respiración boquiabierta, la goma en la nariz, las canas despelujadas, todo vibra de una manera tal que parece que va a quebrarse, mientras él le acaricia la frente susurrando parecidos cariñitos que hacemos los padres con los hijos recién nacidos. Los ojos de Juan brillan, los de María no alcanzan a brillar pero entre ellos se establece una corriente que resplandece. Creo en muy pocas cosas, pero ayer creí en Juan y María.
Yo tenía ahí mi cámara de fotos, que también graba video, y estuve tentado a usarla para de alguna manera intentar reproducir ese prodigio de amor más allá del sexo, de la esperanza y, por supuesto, de cualquier interés. Pero aquello de lo que fui testigo, no puede reproducirse en dos dimensiones; hay que vivirlo en el límite de la cuarta dimensión, entre la realidad, la emoción y la fe.
Y yo doy gracias por haber vivido esa suerte.




Si alguno queréis mirar las reacciones que sucedieron cuando se me ocurrió publicarlo en el forociudad de Mombeltrán, pinchad aquí.

martes, 7 de diciembre de 2010

Sobre el cambio climático y alguna idea positiva.

Hoy es día 7 de diciembre. Esta mañana, a las 7, al abrir la puerta del portal de mi casa en Béjar, desde la calle, recibí una impropia bofetada de calor. Ayer, los cristales de esa misma puerta tenían vaho -por fuera- y gotitas condensadas; llovía a gritos una lluvia cálida y la mayor parte de la nieve de la estación de esquí se fundió. En Béjar se prometían hacer el agosto en esta semana de turismo blanco y nos hemos encontrado temperaturas de tormenta de agosto que nos han robado la nieve.
Esta mañana. a las 7 y poco, el comentario del tiempo con el gasolinero que me puso la gasolina, era el calor,
"fíjate que estamos a 12 grados; hace tres días a estas horas, cinco bajo cero".
Ya sé que tenemos poca memoria climatológica y que toda la vida se ha hablado del tiempo con sorpresa. Pero yo después he recorrido la cara norte de Gredos desde Barco de Ávila hasta el puerto de El Pico. Todo lavado, no había ni una mancha blanca. El Circo de Gredos no he podido verlo, había nubes. Espero que no se haya derretido, aunque el Tormes a su paso por Barco de Avila, presentaba una avenida para pararse a hacer fotos. Ahí estaba gran parte de la nieve.

Yo soy de pueblo, y durante mis primeros 13 años la mayor parte de la carne que comí se preparaba en "la matanza". Por "La Purísima", que es mañana, se mataba, porque ya se aprovechaba el frío natural para destazar, embutir y curar. Un día como hoy hubiera debido aplazarse la matanza. Con este clima se podría estropear el marrano. Alguna vez habrá pasado, tampoco voy a negarlo.
Pero no es la impresión de un impresionable ciudadano, son estadísticas: la temperatura está subiendo, la gente que lo mide lo está denunciando.
En Inglaterra se atreven a plantar vides para hacer vino. Puede que sean variedades adaptadas, pero lo que sucede es que el clima se calienta y se animan a hacer esa inversión agrícola.
Desde la revolución industrial generalizada se emite mucho más CO 2 a la atmósfera, la Amazonía se esta deforestando por la acción del hombre, también en Indonesia y en África. Hablando de África el lago Chad se ha reducido muchísimo. Creo que algunos pueblos pescadores están ahora a decenas de kilómetros del lago.
Nosotros ya no percibimos el peligro. La industria mas escandalosa está en China. En Pekin el aire es irrespirable.

Producimos demasiadas cosas inútiles y dañinas, no tenemos más que ver lo que ocupan las bolsas de reciclaje frente a la basura orgánica. Yo pueblerino, iba a por la leche con una lechera, a por la gaseosa en un envase retornable. En las tiendas no daban bolsas, sí había papel de estraza. Pero la fruta te la solían echar desde el plato del peso hacia la bolsa de la compra que tú llevabas.

IDEAS POSITIVAS
Aparte de reciclar, separar, montar en coche lo estrictamente imprescindible, invito seguir algunas prácticas menos aireadas.
No soy comodón comprando carnes envasadas en propileno, acudo al carnicero que me las envuelva en papel, creo que el propileno y el plástico han necesitado contaminar más. Además, las carnes están más frescas.
Otra cosa que hago cuando voy a los hoteles es llevarme el jaboncito que he usado, para terminar de gastarlo en mi casa. Sé que si lo dejo ahí, lo tirarán. Yo lo aprovecho, pero no me dedico a "mangar" en los hoteles. Los que no he usado se quedan ahí.
Otra cosa que hago en los supermercados es, si sé donde se han fabricado, procurar comprar las cosas que hayan viajado menos. El transporte es contaminante.
También es más ecológica una frutería de toda la vida, además de que son más baratas que las de los hiper. Es cierto que los fruteros tradicionales te "cuelan"  la fruta tocada, que así tú aprovechas. La fruta que se vende el los supermercados y está un poco estropeada, se tira, porque nadie la escoge. Además, en la frutería tradicional a veces se venden frutas de la zona, mientras que los hiper hacen grandes compras a grandes oferentes que normalmente están lejos. Con lo que habrán contaminado más en el transporte.

Os dejo una foto del viernes 3 a las 2 y 20 en el Puerto de el Pico. Hoy 7, todo esta "lavado" y el agua camino de Lisboa.

jueves, 2 de diciembre de 2010

ya termino de presentarme

Sé que es bastante penoso oirme, lo mismo que verme. Creo que he adelgazado dos kilos desde entonces, pero, de todas maneras, que sepáis que es cierto: la cámara de video engorda.
Nunca he sobrepasado -conscientemente- los 100 kilos.
Este es mi video de despedida hasta después del puente. Sé que contradice todo, la guerra civil en el barranco de las cinco villas, lo de envejecer con dignidad, la antigua imagen que quienes me conociérais y me hayáis encontrado, la deseada reencarnación en el segundo hijo de mercedezzz... Pero es lo que hay.
Se comprende que debo dedicarme a la literatura.

un video del barranco


Ya que he aprendido a subir videos, os presento uno del Barranco que hice desde 2000 metros de altura. Mi cámara es bastante mala y no he conseguido reflejar la inmensidad que estaba viendo.
Dura 36 segundos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Una marcha guerrera




Gabé a Valentín González Blázquez cantando esta marcha guerrera:


Hombro con hombro
¡camarada!, más firme el paso
para libertar a tu hermano
!con el puño en alto¡.

Ya las jarcas* retroceden
¡muera Alemania sangrando!
¡rueda por tierra el fascismo!
¡¡¡muera!!!
al pie del proletariado.

*Las jarcas son las unidades marroquíes.

Licinio Prieto, de los que más perdió en la guerra.

Licinio Prieto guarda dentro de sí a un muchacho de catorce años que hubiera preferido morir; morir matando, si hubiera sido posible. Algunos días después de presenciar cómo los rojos se llevaban en una camioneta a su padre, a su tío, a su abuelo, -y también al que, andando el tiempo, sería su suegro- a fusilar el 19 de agosto de 1936, los milicianos de su pueblo quisieron  reírse de su rabia: le citaron al Ayuntamiento, edificio donde se asentaba el Comité y le ofrecieron una pistola. La tomó y la sopesó: le pareció que no tenía balas. Tampoco estaba seguro de si sabría manejarla o si estaría averiada. Licinio es listo, dejó la pistola en la mesa. Apostó por su vida, y la ganó. A sus ochenta y ocho años es el alcalde más viejo de España y con más tiempo de servicio a su pueblo; tiene hijos, nietos, biznietos, y, aunque no creo que le importe, es la persona del Barranco de la que hay más entradas en Internet. Hace poco han venido el presidente de Castilla y León y el del Partido Popular, a homenajearle.
Aunque siempre me ha repetido que si hubiera sabido que aquella pistola estaba cargada, se habría llevado alguno de los del Comité por delante, a sabiendas de que él habría ido detrás.

Le tocó fraguarse de hombre, el único hombre de la casa a tan temprana edad. Y su odio se extendió también a los otros guerreros, estos de su bando, que volvieron a saquear su casa, al encontrarla sin gente. Todo el pueblo de Cuevas del Valle estaba aterrorizado y no quedó nadie. Hasta las víctimas huyeron hacia Arenas de San Pedro o se refugiaron en las casillas de campo. Se había corrido la voz de que venían moros. Pero, aunque los saqueadores nacionales se llevaron lo que quisieron, (los incautadores rojos también lo habían hecho, pero no les estropearon nada; además, les dieron un vale),  no repararon que en la pocilga de la casa abandonada quedaban cerdos. La familia de Licinio, al regresar a la casa, encontró a aquellos animales muertos por inanición.
Una pequeña tragedia estúpida más, dentro de la gran tragedia de 1936.
Después vio, no sin espanto, cómo se llevaban a los más inocentes del otro bando, o de ningún bando, a mataderos improvisados como en  el que acabaron  los suyos. Varios regaron con su sangre la misma hectárea donde aún no habían sido desenterrados los cadáveres de su familia.
Licinio ganó la vida al no empuñar aquella pistola, y en el franquismo le hicieron alcalde. Después lo fue democráticamente  por la UCD y ahora lo es por el PP. Tengo la impresión de que si se presentara a los 89 años, le volverían a elegir. Ha sido buen amigo de Suárez, a quien se refiere sencillamente como "Adolfo". Pero es ante todo, -desde los catorce años- un tipo responsable; seguro que no le importan los records. Este hombre marcado con  la dura lección del odio, tampoco pierde la ocasión de contarme que siempre quiso acoger a los de familia republicana en los trabajos que ofrecía el Ayuntamiento: cortas, resinas, limpiezas de montes..., y dar buenos informes a los muchos covacheros que emigraron a Guipúzcoa.
Así se lo dijo en los años 50 al Gobernador Civil al aceptar el puesto, que sería el alcalde de todos, que no quería alimentar más odios,  porque los odios llevan a las guerras, y nunca más quiere que nadie viva lo que el vivió.

SUPERJUANMA

Conocí antes a su mujer, Mar, que es tan atractiva como mercedeszzz, y da clase de iniciación a la música en la Escuela Municipal "José Lidón" de Béjar. Juanma García no es guapo, lleva gafas, es calvo, no tiene la voz bonita... etc.
Eso por la calle, porque cuando se pone una trompeta en los labios y sopla es como cuando Superman salía de la cabina de teléfonos.
No voy a escribir nada de trompetistas, recomiendo la lectura de "Louis, enormísmo cronopio" de Julio Cortázar, que agotó el género.
Dirán lo que quieran del Barça de Guardiola, pero Superjuanma ha organizado en la escuela municipal una big band que se llama A-66. Miren este fragmento que grabé.
Esto si que es espectáculo


Se llama Valentín González.

Nada que ver con "El Campesino" que fue un famoso líder con perilla, que tuvo el ejército popular republicano. Valentín, aunque en la guerra estuvo de cartero, es mucho más valiente.
Nuestro Valentín González nació el día de San Valentín de 1912 ó 1913 en San Esteban del Valle. Espero que esté vivo. Hasta hace 2 años sembraba su huerto. Cuando le conocí sólo tenía un defecto: estaba casi completamente sordo.
En 1936 trabajaba de peón caminero en la carretera de Serranillos.
La guerra había comenzado. Primero, el golpe secundado por la Guardia Civil de Arenas de San Pedro, que cambió el ayuntamiento democrático de San Esteban el 22 de julio. Después, la llegada de los rojos desde Madrid que reocuparon el Valle y prepararon un frente en el Puerto de el Pico. Eso fue a primeros de agosto. Ya nadie pagaba a los camineros. Empezaron las incautaciones de los comercios y los primeros asesinatos. El 19 de agosto, un grupo de rojos de Santa Cruz del Valle mató a dos hermanos de San Esteban, jóvenes, y a otro hombre más mayor, Avelino, por error, y porque trató de huir.
El 22 de agosto, sus compañeros camineros, sabiendo que no iban a cobrar, le sugerían que fueran todos a luchar "al Puerto". Allí, al menos, se comía. Estaban sacrificando las vacas de los prados de montaña que pastaban en aquellos altos. Él se negó por dos veces, pero luego se unió a sus compañeros. Seguramente pesó el saber que en el pueblo habían matado gente. "Eso no está bien". Si al final se veían metidos en la guerra, por lo menos, que fuera de frente. Mientras se dirigían al puerto del Pico, Valentín miró hacia una piedra y se dijo: "no vamos a un baile". Aquella noche hizo su primera guardia junto a unos compañeros de Cuevas del Valle. Días después, participó en una escaramuza; entonces montó en coche por primera vez.
El día cuatro de setiembre de madrugada vio que los nacionales se acercaban. Tiró entero un cargador de cinco balas hacia los atacantes, pero las fuerzas del coronel Monasterio seguían avanzando. Viéndose copados, con varios compañeros decidió retirarse directamente hacia Arenas de San Pedro. Bajaron por "el Pellejo". Uno no podía seguir y se quedó por el camino. No tengo muy claro si murió de un tiro o despeñado.
No quiso ir a San Esteban del Valle. "Al pueblo no se podía ir a na bueno". Algunos de los que sí fueron aprovecharon para matar a cuatro personas.
Luego, de derrota en derrota, con balazo en la Casa de Campo incluído, una operación y vuelta al frente ahora en Levante, hasta la derrota final. Cuando volvió al pueblo estuvo algún día en el calabozo, por un detalle que me guardo para el libro, pero no se metieron más con él.
"Con mi vida se haría una novela cojonudísima" Me cantó canciones y me contó más detalles de una vida, larga, ancha y dura. Estoy de acuerdo. Tengo más de una hora de conversación, y en mi libro tendrá, al menos, un par de folios. He querido seguir hablando con él. La última vez que llamé a su puerta, su yerno me dijo: "no está". Pero me mintió; antes de llamar yo había oido la bandurria de Valentín. Este hombre, a sus 96 años, todavía se entretenía rascando las cuerdas. Pero, al estar sordo, no puede afinarlas y suena fatal.
Me contó que cuando se despierta por la noche se pone a contar los muertos de la guerra. Va de arriba a abajo, de barrio en barrio, de casa en casa..., y así, a veces, se duerme.

martes, 30 de noviembre de 2010

¡Cuidado con los pasos de peatones!

Podría hacer analogías con la guerra civil española. Pero sólo escribiré un refrán "si la piedra choca contra el cántaro o el cántaro contra la piedra da lo mismo: siempre pierde el cántaro".
Hoy el cántaro es una niña de 11 años que cruzaba por un paso de cebra, amparada en la señal de un hombrecillo verde encendido al otro extremo. Un conductor ignoró a la niña, porque tampoco reparó en que un semáforo en ámbar intermitente es una señal de precaución y ordena detenerse ante el paso de otro vehículo y también de un peatón. El coche, me ha contado el padre, se detuvo, habiendo arrastrado a la niña, seis metros más adelante. La atropellada está ingresada en un hospital con conmoción cerebral y tendrá que ser operada de una pierna y quizá también de un brazo. Esperemos que tenga las mínimas secuelas.
Quiero pediros que tengáis mucho celo cuando seáis cántaro, pero sobre todo, cuando seáis piedra.

sobre la buena educación musical

He intentado, para ser fiel al título de este blog, subir alguna de las grabaciones que tengo de las víctimas de la guerra. Pero el editor no tiene esa función y tampoco me las deja subir como video. Buscaré alguna solución. No quisiera ser un fraude para los que esperan que el título tenga algo que ver con el contenido.

Aprovecho para manifestar que quiero mucho a mi madre, y esta faceta mía de artista del montón que carece de vergüenza para exhibir su arte (aparte de otras muchísimas cosas), sin duda se la debo a ella.
Pero hoy he descubierto que también quisiera que me hubiera parido o adoptado esta chica que os enseño. Fijaos bien en el niño: con esta educación, será un buen músico. Lo que yo hubiera querido ser.
http://www.youtube.com/user/mercedezzz#p/a/u/0/aNudwcNl2To

lunes, 29 de noviembre de 2010

una de actualidad

Uno piensa que todo va muy deprisa. Nos vamos apuntando a todo lo nuevo y además se han puesto todos los huevos en la misma cesta. Una cesta que es virtual: el adjetivo panacea de nuestro tiempo.
Ya sabéis por donde voy: wikiliks. Internet precisamente surgió como un proyecto del ministerio de defensa de Estados Unidos para poder reproducir indefinidamente órdenes militares y resistir a una hipotética invasión rusa. Hoy precisamente parece que al gobierno USA le robaron la llave de la caja de Pandora y ahora le vemos las vergüenzas.
La misma llave de Pandora que tiene todo el mundo para saquear la propiedad intelectual de los músicos y cineastas.  Les han reducido a ceros y unos que vagan libremente por el ciberespacio, para que quien quiera quedarse con su trabajo gratis, lo haga.
Si alguien puede, que pare el carro. Muy difícil, ahora que gran parte de la economía se asienta en la comunicación entre redes de ordenadores. Mi dinero ahorrado en el banco no es más que un apunte en una cartilla, pero yo no hago los apuntes, ni ninguna otra persona, se hacen solos al meter la cartilla en el cajero, los hace un ordenador. Afortunadamente, hasta ahora, no me falta nada y todos los meses a primeros me suman los números de mi sueldo. Parece que tenemos que fiarnos de que todos nuestros ahorros estén ahí apuntados: en el ordenador de un banco.
Últimamente también he confiado cuestiones importantes y sentimientos, dentro de mi correo electrónico. Uno de los derechos fundamentales de la constitución es la inviolabilidad de las comunicaciones postales o telefónicas. Pero todos, los servidores de internet y las empresas de telefonía, tienen métodos para "mirar ahí" por ejemplo, para pincharte el teléfono o el correo electrónico si se lo pide un juez. Y esos métodos los saben personas que tienen conocimientos y claves para meterse en esa parte de nuestras vidas, si les apeteciera lo harían, porque ¿quien controla a los controladores?

Hoy, unos listos o unos traidores que tenían las claves, han dejado con el culo al aire a Estados Unidos y a muchos otros países. Hace unos años recuerdo que los DVD eran incopiables, hasta que un joven Noruego dio con la clave y la publicó en la red. Si el correo electrónico del Departamento de Estado norteamericano ha sido violado, qué no harán con el vuestro o con el mío. Esperemos que no nos conozcan aquellos que tienen ese control.

Pero hay algo peor. El dinero.
Hace unos meses pusieron en la tele una película de hace unos años, en la que Harrison Ford era un banquero al que secuestraban su familia para que hiciera una gran transferencia de dinero de su banco a un paraíso fiscal.  Hubo muchas películas parecidas al 11 de septiembre, pero siempre llegaban Superman o James Bond a salvar la civilización. Ya sabemos que el 11-S no llegaron y pasó la que pasó. Temamos las profecías cinematográficas, que algunas se van cumpliendo. A mi lo de wikiliks me puede dar relativamente igual, es una ONG de transparencia internacional y yo no tengo ningún secreto interesante que ocultar. Espero que no surja una ONG que se llame Robin Hood y decida que todos los que tenemos ahorros en el banco compartamos nuestro dinero con los pobres de la tierra.
Confiemos en que los bancos (el mío, al menos) sean menos torpes que el Departamento de Estado americano.

POSDATA: Ahora recuerdo que en la película Mary Poppins un comentario de un niño causó el pánico y un gran banco se vino abajo. No quiero causar éso. No hay peligro, este blog no lo lee casi nadie pero, tambpo se me ocurre una alternativa dónde poner (por ejemplo) al menos, la mitad de mi dinero a salvo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

un bicharraco curioso

Yo soy el curioso, y el ignorante de lo que pueda ser. Ayer en mi paseo vespertino lo vi. Era muy dificil de enfocar con mi cámara y, para asegurarme de que me lo llevaba, hice vientitantas fotos, de las cuales habré tenido que eliminar cerca de veinte porque no salía nada. Como todo medioinformado contemporáneo he consultado las primeras entradas de Google por si fuera el macho de una mantis religiosa. Y no lo he encontrado, así que ilusamente me lanzo a mostraros que he descubierto una subespecie. Para que veais que toco todos los palos del saber. (algún día me cogaré un video tocando la guitarra)

Volviendo al protagonista, que me permito inscribir en el registro civil de este blog como "bicharraco barranqueño" yo lo definría como un pariente larguirucho y pequeño, que no parece de mirada tan pérfida como su prima mayor, La Mantis. (disculpen, no sé si éste es un comentario misógino)

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Federico, el pastor.

Me gusta  -y necesito-, pasear y hacer fotos al Barranco de las Cinco Villas donde vivo entresemana. Ayer, al anochecer, coincidí en mi regreso a casa con un rebaño de ovejas y su pastor que, montado en un burro, dirigía con ayuda de unos pequeños perros muy obedientes. Por entablar conversación le dije:
-¿Cómo corren estas ovejas?
Nunca había visto ovejas tan rápidas. Caía la noche y el frío empezaba a rodearme, así que yo llevaba el paso firme. El burro también se movía ligero, pero las ovejas iban todavía más deprisa. El pastor me contestó:
-Es que tienen ganas de volver a casa.
Yo no atribuyo mucha voluntad a las ovejas así que se me ocurrió pensar y consulté:
¿Es que tienen una comida especial a la vuelta en la cija*?
 (en mi pueblo llaman “cija” a la habitación para las ovejas, en el noreste de Segovia, donde viví un año, lo llaman “tenada”?
El pastor me contestó:
-Sí, pero, mayormente, es que muchas tienen cordero.
Claro, era el sentimiento maternal. Las ovejas salen a pastar. Supongo que al salir habrá que separarlas de los corderos. Los corderos no comen hierba y si el pastor los sacara a pastar serían un entorpecimiento, para las madres y para él. Las ovejas salen -de buen grado- para pastar y cargar sus ubres y cuando el pastor, ayudado por sus perros, ordena la vuelta, se lanzan con un trote vivo a satisfacer su maternidad.
Lo peor de éste, hasta ahora, cuento de Disney, es que el pastor vive de los corderos que vende. La amorosa –y compulsiva- maternidad de las ovejas es para beneficio del pastor.
Así tiene que ser.
Aunque el pastor se queja de su escaso beneficio, que se va reduciendo. Me dijo que acababa de vender algunos corderos por una cantidad que no recuerdo, porque no supe interpretar, pero que a él le parecía escasísima. Dijo que se han cargao la ganadería y que él lo dejaría si no tuviera 62 años.
-Ya, qué voy a hacer.
Me dijo que oyó en la radio -“al Lumbreras”- que en España ya no hay pastores de menos de cincuenta años, que esto se acaba.
Y me invitó a volver otros días para hablar con él. Yo pensé que viéndome la cámara de fotos, las pintas de turista, iba a enseñarme algo especial. Pero me invitaba a ir andando dos o tres kilómetros, adonde pacen sus ovejas, a -simplemente- hablar con él.
Yo tengo muchas cosas que hacer: el libro de la guerra, leer, tocar la guitarra...
Pero considero la invitación un regalo valioso. Y lo aceptaré.

Ahora os presento el Barranco de las 5 villas y la Guerra civil

Voy a presentar el Barranco de las Cinco Villas de Ávila. La foto no debe estar entre las mil mejores que tengo hechas. Mi cámara ama este valle; calculo que he sobrepasado las 10.000 fotos (aprovecho para dar gracias a la vida por haberme traído en este Siglo XXI de las cámaras digitales). Pero estaba aburrido de mirar en los discos. La foto es una panorámica un poco monocorde, que comprende medio valle. Creo que en ella se adivina mucho misterio. Un reto para un caminante con las tardes libres, como yo.
Me puse a andar y fui encontrando paisajes y gentes, y también extrañas señales de muertes violentas. Les voy a poner dos botones de muestra de lo importante que son los símbolos, todos los símbolos, para despertar la curiosidad, la mía al menos.

      
A veces creo que yo estaba deseando hacer un estudio de la guerra como este. Siempre se me ha dado bien escuchar a los viejos. Creo que me marcó que la última conversación que tuve con mi abuelo en 1977 fuera sobre la guerra civil. Después seguí preguntando, escuchando y leyendo. Al llegar aquí en 2006 me encontré con estas señales, con que el registro civil a mi cargo tenía mucha sangre, después también encontré otros documentos que apuntalaron mi voluntad, y sobre todo, la gente que he ido entrevistando que guardaban en su memoria, no para otra cosa sino para transmitirla, la tremenda tragedia que sucedió en este Barranco. 

Creo que haría muy mal en no acabar mi libro.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Padre de ajedrecista.

Padre de ajedrecista

Yo tengo (rara avis) una hija ajedrecista. Ayer se celebró en Béjar, nuestra ciudad, un torneo de ajedrez.  Como otros padres me apunté por aprovechar el tiempo y acompañar a mi hija.
Tengo la costumbre de dar en pensar bastantes cosas, y mi miedo era me tocara jugar la última partida contra ella y el dilema de la conveniencia de dejarme ganar. De camino le expliqué que siendo honrado y deportista debería luchar por ganar.
Es que había dos problemas: mi hija, como todos los niños, jugará sólo mientras gane. Cuando encadene algunas derrotas, lo dejará. Podría haber sido ayer. Entonces, aparte de perder para su desarrollo esta estupenda gimnasia mental, dejaremos de amortizar el reloj de ajedrez que compramos hace siete meses por treinta euros.
Por otro lado, ella tiene 10 años es “sub10” y con una victoria sobre mí estaría cerca de recibir un premio, lo cual, además de afianzarla en su autoestima y hacerle feliz, reforzaría su amor por el ajedrez. He dicho que los niños sólo aman el ajedrez mientras ganan, si les dan premios, su amor será más duradero.

No tuve ese dilema, pero os daré una lección titulada “sociología de los torneos de ajedrez de provincia”.
En este torneo, como en otros, había cinco clases y dos subclases de competidores.
Para mí, dos de estas clases son asequibles; otras dos, inasequibles y una, parcialmente asequible.
Me explicaré.
La parcialmente asequible es la más desinteresada. Está compuesta por aficionados locales, que gracias a su entusiasmo consiguen comprometer el dinero de los patrocinadores y, a veces, el suyo propio. Aman el arte del tablero y las fichas, la primera subclase la integran los capos locales del ajedrez y suelen ganar muchas partidas en este ámbito local; la otra son los ajedrecistas que suelen perder,  y siguen jugando y organizando por puro romanticismo deportivo, en la misma vertiente platónica por la que yo debería haber hecho por ganar a mi hija, aunque fuera totalmente inconveniente.
Yo no estoy en condiciones ajedrecísticas de vencer a los capos locales, pero sí a estos otros que ofrecen su buena intención de jugar porque aman el ajedrez y "lo importante es participar" y admiran el juego y a sus ganadores. Suelen ser gente de edad, y muy querida por todos.
Por continuar con los asequibles, pasaré al grupo de niños y niñas (hasta 12 años) que vienen a foguearse, porque sus padres apuestan por este entretenimiento, suelen ser buenos en los juegos escolares. Ayer tuve ocasión de ganar a un niño de 6 años y a uno de 12.
Luego está mi propia clase, la de padres, que no siendo buenos aficionados al ajedrez, hemos enseñado y nos ha salido un hijo ajedrecista al que acompañamos. Uno de estos fue mi víctima. Seguramente  era su primer torneo. Para más duelo, a su hijo le acababa de vencer mi hija. Venían de fuera. Probablemente en el descanso para comer, pasearon entre la lluvia, con los ojos empañados, pensando en la crueldad de este juego.
Pero hay padres que hacen de acompañantes y no juegan; y saben jugar, seguro. Tiene que ser duro para los hijos ver como vapulean a tu padre. Y mas para los padres, que, aparte de ser vapuleados, ven que sus hijos están viendo como vapulean a su padre. Peor todavía si quien lo hace es un “sub 12” o un “sub 10”. Detrás de cada padre que lee el periódico esperando el resultado de su hijo hay un pringao al que barrieron de los tableros por querer "acompañar" como hacemos unos cuantos. Las madres no juegan.

La primera clase de “inasequibles” esta formada por chicos raros de instituto o de los primeros años de universidad. Tienen la cabeza muy despejada, mueven con mucha agilidad y son cultos. Los que yo conocí, además, encantadores (nada parecido a lo que dicen algunos de los damnificados de la LOGSE). Yo tuve el placer de perder con el campeón sub 14 de Salamanca, que ganó aquí en su categoría, también con el campeón sub 16, del torneo y con un chaval majísimo de 18 que me repasó las jugadas.
Por cierto, hice como que seguía las explicaciones, porque a mis 46 no tengo memoria para que me reproduzcan una partida entera y me expliquen “en que momento se me jodió el Perú” (Permitidme recomendaros Conversación en la Catedral de Vargas Llosa) pero estos monstruos sí, y para muchas más cosas.
Luego están los inasequibles de la élite, los que tienen números ELO. Los aficionados profesionales, los que vienen a por el cheque. Aquí vino, vio y venció uno de Madrid, que tenía unos 2000 y pico de puntos. Son como los africanos que corren las carreras de pueblos; no creo que tengan sentimiento, sólo ven que al final de la cinta hay un cheque. Parecidos a los pintores de pintura rápida que pintan una vista de la ciudad con una facilidad que pasma y en el momento que ven que ya no optan a los premios, cuelgan un cartel con el precio, inmediatamente lo venden y se van. A éstos, como a los ajedrecistas mercenarios, les importa un pimiento los trofeos que den. También las ilusiones de los niños, los padres, los jugadores locales o los juveniles. Van a lo suyo. Como los forzudos que iban retando a los pueblerinos. Supongo que estos ELO son el atractivo para los aficionados locales que dirán durante un año, “yo a ése le puse en aprietos: si muevo aquel alfil hubiéramos hecho tablas”.
 A mi me machacó un colombiano. Ni me vio. Salió con una jugada rara y fue despedazándome sin piedad, pero también sin el menor interés. No se molestaba ni en decir “jaque”. A mi modo de ver, debería haberme agradecido que le entretuve muy poco. Cuando se levantaba quise preguntarle qué había hecho conmigo, y me dijo: “un gambito de dama, un gambito de dama no aceptado”. No quiso ni señalármelo. Es una estupidez que a esta gente les den copas. No sabrán donde ponerlas en su casa, seguro que en alguna joyería se las recompran y el joyero despega la plaquita “tercer clasificado, I torneo de la Igualdad de Béjar 2010” y revende la copa al siguiente organizador de torneos que viene. Lo inteligente sería prestar las copas para hacer la foto en el periódico y que esos trofeos se los repartieran los locales o  los niños, a quienes puede hacer ilusión, y ¿por qué no?  los sufridos padres de ajedrecista como yo.

vuelto de vacaciones

Queridos amigos (de momento no creo que haya más gente por ahí):
He estado una semana de vacaciones y, mientras tanto, me he enterado que han publicado mi entrevista y está en los podcasts de radio exterior. Concretando más, voy del minuto 23,10 al 36.
No está muy bien de sonido. Creo que ya escribí que tuvo que ser por el móvil y no pude reprimirme la compulsión de caminar. Así que es una entrevista peripatética. Se me nota algo nervioso, en momentos titubeo y dejo huecos; pero el contenido todavía lo suscribo. Aquí está el enlace:
http://www.rtve.es/mediateca/audios/20101110/idioma-sin-fronteras-10-noviembre-2010/926675.shtml

martes, 9 de noviembre de 2010

voy a presentarme

me llamo Juan de la Cruz Mayo Garcinuño. El nombre Juan de la Cruz no es por el poeta, es que uno de mis bisabuelos se llamaba Juan y mi madre María Cruz, supongo que el que hubiera un santo de ese nombre también influyó.
Uno de los primeros libros que hubo en mi casa fue uno de un cura o un fraile que hacía un estudio, no poético, sino religioso, sobre San Juan de la Cruz. Nunca fui capaz de leerlo. Muchos años después sí dormíamos a nuestra hija leyendo el Cántico Espiritual.
Siempre me ha sonado mal que me llamaran Juandelacruz, pero ya lo voy asumiendo. Hay demasiados juanes por ahí, que es el nombre que me gusta, aunque cuando estaba en el Instituto y en la Universidad me gustaba que me llmaran "Mayo" pero creo que hoy dicen por la calle ¡mayo! (si lo oigo, porque estoy bastante sordo) no sé si lo identificaría como concerniente a mi persona a no ser que reconociera la voz de alguno de los que todavía me llaman así.
Debería haber titulado mi blog, "como envejecer conscientemente y con humor" porque desde que hace poco más de un mes cumplí 46 años, me siento por proximidad en la cincuentena, y eso, unido a mi incipiente sordera, a mis recurrentes olvidos, hace que esté entrando en la vejez. (lo siento si deprimo a alguien).
El título "Guerra civil en las 5 villas de Ávila" es un apócope de mi magna obra, "República, guerra civil y primera postguerra en el Barranco de las Cinco Villas de Ávila". Sucede que el título entero no entraba en este blog, no me lo aceptaban y tenía prisa, ya lo expliqué antes. El elegir este título es porque se recuerda bien, porque quiero promocionarlo y, sobre todo, porque quiero comprometerme, ahora, también ante el ciberespacio, a acabarlo. Comunico que creo que desde antes del verano a la fecha actual, no he escrito más que dos párrafos, y son sobre la posible influencia de la matanza que hicieron los nacionales en Badajoz del 14 de agosto de 1936, en los 15 asesinatos (nunca hay minimasacres) que el 19 de agosto ejecutan los republicanos en este valle. Y escribí esto porque me dejaron un libro del periodista portugués Castro Neves.
Voy a confesar dos cosas más. Creo que se me cruzó el famoso relato del último viaje y ahora se me cruza el presente bog, para estimular mi pereza y desviarme del arduo trabajo de volver a escuchar 50 horas de testimonios grabados, ver 200 fotografías de documentos, y reordenar y reescribir puliendo el estilo las 200 hojas que  tengo escritas en los últimos 3 años.
Anímenme, si hay alguien ahí.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Ayer escuché en "el ojo crítico" una entrevista muchísimo mejor que la mía. La protagonizaba un argentino, mejor, un hispano-argentino, que es un subgénero que tiene la argentinidad más tamizada y menos empalagosa. Uno ama a los argentinos casi constantemente, pero de vez en cuando se harta un poco de ellos, por el narcisismo verbal que tienen, también porque demasiadas veces retan al oyente con su ironía como diciendo: todavía soy más listo de lo que parezco ¿eh?. Recomiendo leer "la tía Julia y el escribidor" en la que Vargas Llosa se venga un poco de la fascinación por la argentinidad, que todos, él  seguro que antes que muchos, hemos tenido y, en alguna medida, ¿superado?.
Volviendo al hispano-argentino, acompleja, cómo no va a acomplejar, si tiene 33 años, acaba de ganar un gran premio, publicó su primera novela a los 22 y hace 8 años publicó una traducción poética del Alemán del "Viaje de invierno" de Schubert. El locutor estaba rendido a él. El chico es muy majo, de verdad, lo que sucede es que su madre era violinista y vino exiliada económicamente a la Orquesta de Garnada, su padre toca el oboe, tiene cuatro abuelos de diferentes nacionalidades, y seguramente toca la guitarra y el piano y el violín y el oboe, y con un balón de futbol da cincuenta toques sin que se le caiga al suelo y además sin despeinarse.
No, no estoy celoso. Lo que sucede es que he tenido que esperar 46 años para que mi voz, si es que llegan a emitir alguna vez un fragmento de mi entrevista por Radio Exterior, se pueda oir en Argentina.
Estoy agradecidísimo a la Cámara de Comercio de Arévalo, por este reconocimiento que empieza a acercarme a ese gran país del Sur, y también a la madre del cordero: el infante Alfonso de Trastámara que tuvo a bien morirse en mi pueblo y va redimiéndome poco a poco.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

hoy no está siendo una buena mañana

Hoy hablé por la radio; no es la primera vez, ni quizá la más importante. Pudiera ser que no la emitan, seguramente no la emitirán entera y con ello, probablemente, me harán un favor. Fue una entrevista por teléfono que estaba concertada desde el viernes pasado; versó sobre mi obra premiada, la que antecede a esto. He tenido varios días para pensar en qué decir, y lo he dado vueltas, incluso ayer por la tarde estuve repasando una biografía de Isabel la Católica. El pasado viernes, con la fresca impresión de que tenía que que iba a ser entrevistado hoy martes, fui contestándome preguntas en el coche, durante una hora. He soñado esto muchas veces. Creo que es lo que más deseaba, no firmar ejemplares, ni dar conferencias, sino conceder entrevistas.
Pues, seguidores, la entrevista resultó nerviosa. Primero, necesitaba ofrecer la obra de la que íbamos a hablar a los potenciales lectores-escuchantes de Radio Exterior de España. Y en cuanto llegúe al trabajo (que es donde tengo internet) y tuve tiempo, me puse a buscar un blog y a rellenar contraseñas y repetir la transcripción de letras amontonadas. Se acercaba la hora y no tenía donde ofrecerlo. Una vez lo logré -aquí estamos- tardaron en llamar cinco minutos más de lo previsto, me llamaban al fijo del trabajo pero no funcionaba, al final, la entrevista la hicimos desde mi teléfono móvil. No sé qué tal habrá salido el sonido, mis nervios hicieron que me levantara y estuviera paseando por la oficina. Al final olvidé dar esta dirección, pensé que me lo preguntarían. Tengo la impresión de haber hablado mucho, con lo que habré vacilado. He sentido claramente que vacilaba dos veces; cuando lo escuche, si eso alguna vez llega a ser, sentiré una puñalada en cada una de mis vacilaciones. No soy un iluso, no pensé que la entrevista pudiera ser principio de algo, pero, al menos, ha sido el principio de este blog.

martes, 2 de noviembre de 2010

El último viaje. Relato premiado por la Cámara de Comercio de Arévalo



El último viaje

Mas como fuesse mortal
metióle la Muerte luego
en su fragua.

Mi hermano Alfonso fue, de siempre, travieso y gritón; pero era también los ojitos de nuestra madre Isabel de Portugal;  meninno le llamaba.
Y se reía con él; ¡cómo se reía! daba gloria verla: “es un príncipe, meninno es un príncipe”.  Yo también me reía con mi hermano: era mi  principito, aunque todos sabíamos que el príncipe real fue nuestro medio hermano Enrique, veinticinco años mayor que yo; el feo primogénito de mi señor padre el rey Juan II de Trastámara, cuya sombría madre murió temprano, quien sabe si para no tener que ver coronada la contrahecha obra de su naturaleza.
No era así mi madre, Isabel de Alviz, hermosa, lozana y de cabellos dorados, herencia de  su rama Lancaster,  que también había sido educada para parir un rey.   Rey de nuestra casa era Alfonsinho, desde el mismo día  del año  1453 que fuera alumbrado en Tordesillas.
A mí me había parido en Madrigal, un poblachón sin río, pero de calles  muy ordenadas y bien cercada de potentes murallas, guardesas de la generosa mies de su campiña. La desazón de mi madre, que esperaba un segundón, fue que  el fruto de su primer parto sería una segundona.
Yo, Isabel, he salido muy bien educada por mi madre, como dicen que debe ser la correcta crianza: con bastante frialdad y cariño sin alardes. Aunque no fue premeditado: si de dentro le salían a mi madre la frialdad y el poco cariño hacia mí, igual  le brotaban por doquier los mimos hacia  mi hermano.
Como infanta de Castilla, debía permanecer la medida de una vara castellana  por detrás de las faldas de mi madre, agarrada de la mano del ama que me cuidaba. No creo que nunca me consintieran salirme del tiesto; mientras él, desde que supo encadenar los pasos, siempre se adelantaba a los protocolos y hacía sus gracias, que nuestra pequeña corte celebraba y mi madre no reprendió nunca.
Impetuoso y osado, murmuraban en voz alta los cortesanos y visitantes: “como le dejen, este va derecho a por los moros de Granada y válganle, que si no le matan, los sacará de España”
Nos llevaron a criar a Arévalo, villa bien perfilada por dos cauces de ríos parcos. En invierno sus caudales ayudaban a echar sobre la ciudad un ancla de niebla, bajo, ella en las abundantes heladas, nacía la cencella. Entonces los árboles de sus riberas, las hierbas y el mismo suelo de tierra, erizan de plata la vista estremecida. A Alfonsinho le gustaba corretear haciendo crujir las espinitas de cencella del suelo.
A principio del mayo arevalense los ríos menguaban a arroyos, y en verano se acotaban a charcos que daban un tímido frescor trufado de cantos de ranas. En agosto los pobres batracios suplicaban histéricamente a Dios una tormenta que aliviara su estiaje. Por esos cauces del Adaja y del Arevalillo, se desbravaba mi hermano persiguiéndolas entre los juncos, con su espada de madera, en los  paseos que nos daban al atardecer.
Desobediente, hacía burla de los criados; no le daba la gana de abrigarse en invierno y en cualquier época  su  calzado estaba siempre a punto de romper, ¡qué pingües eran para el zapatero  sus potrerías! A mí, sin embargo, los calzados me duraban años; casi siempre mis pies los tenían que abandonar por pequeños. Mientras Alfonsinho  los reventaba intentando trepar a todos los árboles o pateando cualquier cosa; mis espinillas también podrían dar fe de esta última afición.
Le gustaba que le llevaran en verano a ver las eras. Le subían a los trillos, a veces se las arreglaba para convencer que le dejaran las riendas y la tralla para espolear a las bestias. Al final de las faenas acompañábamos al administrador que vigilaba que se apartaran para nuestro granero las rentas de señorío que correspondían a mi madre. El niño se divertía introduciendo las manos en los sacos de trigo y las más  suaves y cálidas garrobas, antes de que apartaran para el cura los diezmos y primicias.
¿Y por qué él tenía que ser mi hermano pequeño poderoso, gozoso y sin freno mientras a mí me tocaba ser la recatada y prudente? Sólo porque podía mear de pie y hacer letras con su chorrito de orín en los ladrillos de las paredes; hoy creo que muchas más dibujó presumiendo de letrado con su instrumento viril, que en los pergaminos donde nos enseñaban a escribir.
Yo era la hermana grandona y sin gracia. Quiero recordar los cariños de mi padre el rey Juan II, meciéndome en sus brazos; pero nació el niño de la risa, el heredero poderoso, y ahí quedé yo, en un rincón, creciendo en sobriedad y latines mientras que al meninno le hacían columpios y le montaban en ovejas amaestradas para que se divirtiera y, de paso, fuera haciéndose un jinete.
A Alfonsinho le dormían leyéndole libros de caballería y romances gallardos; y yo sé bien, porque más de una vez me despertó su bulla, que continuaba pateando y derribando enemigos en sus sueños intranquilos.
Poca tranquilidad permitían los años aquellos. A nuestra pequeña corte marginada y casi sin rentas empezaron a llegar noticias de nuestro medio hermano rey. Le habían casado con la pobre Blanca de Navarra, terreno donde no acertó a plantar descendencia. Más que eso: dicen que tenía un útil masculino tan apocado, que cuando, después de unos años, el Papa anuló su matrimonio, Blanca regresó a la corte navarra  tan doncella como vino al mundo.
Doncelleces y gaitas de las cosas viriles eran las políticas de los reyes: alrededor, los cortesanos y los grandes señores feudales, apostaban sus cartas para aumentar su poder en merma de la corona.
A mi mediohermano Enrique ya le decían “El Impotente”.  Empezaron a aparecer por nuestro humilde caserón  personajes principales con chascarrillos y diretes a regalar los ambiciosos oídos portugueses de mi madre Doña Isabel de Alviz, su madrastra; que ahora acariciaba y acrecentaba su primitiva idea de haber parido un rey. Entonces empezó a llamarle Alfonso, ya nunca más Alfonsinho,  ni meninno. Comenzó también a imponer que nuestros consejeros y los muchos nobles arribistas que nos visitaban le llamaran el Príncipe Don Alfonso. Cada vez era más grande el número y mayor la frecuencia de estos  visitantes. Decían lamentar nuestra marginación y la cortedad de nuestras rentas. Nos obsequiaban llenando nuestras menguadas despensas y escasos roperos. También nos atalantaban con algo más valioso, noticias o rumores sobre cualquier nuevo desplante cortesano ante la carencia en lo sucesorio de Enrique. Mi madre se frotaba las manos y afilaba sus uñas: su destino se estaba cumpliendo.
De nada parecía  servir que le metieran en el lecho real una nueva reina, Juana de Portugal. Enrique llevaba mucho tiempo sin poder cuajar la continuación de la dinastía. Cada año que pasaba sin preñar a la nueva consorte, se hacía más visible  Alfonso coronado. Alguien empezó a hacer circular el nombre de Alfonso XII, “el doceno” para quien surgían, como caracoles tras la lluvia, nuevos partidarios. Este mozalbete de ocho años, a quien los visitantes aturullaban con sus opciones de portar la corona de Castilla, sólo quería batir su espada de madera contra unos moros que su imaginación traía a la sala.
Poco tardaron en mandar al armero que le hiciera una espada de metal para que la blandiera con más brillo y también para que renunciara a batirse con todos los chicos de Arévalo. Mientras tanto, le acicalaban y le enseñaban a moverse como un rey. En buena hora el encargo había sido de una espada roma, porque furibundo, el principito perseguía con ella a los criados o a mi misma, cuando le reconveníamos de sus travesuras. Ya le habían hecho oír, y desde entonces lo usaba como argumento: que él era el rey y sólo Dios podía pedirle cuentas.
Al fin y al cabo, era un niño. Entretanto, había nacido otra niña, Juana, que continuaba la dinastía de los Trastámara. Pero los nobles que habían apostado por mi hermano no cesaron de venir a Arévalo a comunicarnos que  la tardía hija de la reina, que  tardó dieciocho años en concebir, no era del rey, “que no podía ser, que la plantó su valido don Beltrán de la Cueva”. En la Corte a media voz sólo se oía: “Juana la Beltraneja
 Al fin, se llevaron a mi hermano a Ávila a jurarle Rey Niño de Ávila, en la catedral, ante el obispo Fonseca, y con él los Zúñigas, los Carrillos, Pimenteles, los Manriques, el  Marqués de Villena y otros adalides de menor nombre, pero no de menor entusiasmo hacia nuestra causa. En sus idas y venidas, estos nobles reclutaban ejércitos y ofrecían sus vasallos. Arévalo crecía con una corte de advenedizos que alquilaban casas alrededor de nuestro palacio para brindarnos su protección y para agazaparse a la sombra de nuestro futuro. Pronto nos llevaron a Segovia, al Alcázar. Alfonso era, definitivamente, un mozalbete despótico, de oídos abiertos a toda lisonja, caprichoso y cada vez más dependiente de estas nobles garrapatas que se habían prendido a nuestro cuello. Cómo no iba a beber sus vientos, siendo un niño a quien no cesaban de obsequiarle con sedas y armaduras, y con los más hermosos alazanes de sus feudos que imprudentemente montaba solo o en compañía.
Claro, ¿y cómo no?, todos estaban prestos a regalar a su virilidad desde el primer momento en que apareciera. Traían mujeres hermosamente acicaladas, perfumadas, con vestidos vaporosos, desbocados en nombre de alguna licencia que tuvieran por ser de religión mora o judía, pero Alfonso aún sólo quería jugar a matarlas con su espada nueva. Era asqueroso ver como hombres hechos y derechos porfiaban en quien iba a ser el primer cortesano que hiciera el regalo de estrenar la hombría de mi hermano.
Lo malo fue que mi madre consentía todos los manejos: “que Alfonso debía saber su oficio, al fin y al cabo,  de semental. ¿Qué otra cosa mejor podía hacer un rey que perpetuar su linaje?; como nadie nace enseñado, todo entrenamiento lleva a la maestría”.
¿Y qué podía yo objetar con mis quince años? La pubertad me había alcanzado con todas sus dudas y compulsiones. Desde mis tranquilos paseos a caballo montada a la jineta, podía contemplar discretamente a los hombres que limpiaban la parva. Veía como brillaban sus espaldas y la tensa vibración de los recios brazos tostados levantando con el horcón la trilla hacia el poderoso viento, que se llevaba jugueteando la dócil paja, mientras el grano caía por su propio preso.
¡Ah! y yo, que tampoco era de piedra, me cuestionaba por qué no podía dejarme llevar como la paja. No, yo tenía que caer por mi propio peso, como grano trillado, aunque mis noches se llenaran de sueños rodeada de  músculos de hombres, que yo detenía -o acaso acariciaba- con mis manos. Perdía mi natural sosiego, entonces tenía que rezar, representarme el ardiente infierno, recordar los sermones y  repetirme obsesivamente el sexto mandamiento: “No cometerás actos impuros”.
La pureza debía acompañarme más a que a cualquier mujer hasta que fuera ofrecida y aceptada en matrimonio. Sólo entonces entregaría mi intacta flor de infanta de Castilla, derramada en una sábana nupcial para que el pueblo llano pudiera celebrar la exhibición en el balcón de la mancha de mi tesorillo de sangre. ¿Sería doloroso o gozoso aquello? Yo no podía preguntar a las criadas, ni tampoco a mi ama. Me quedaba mi madre, pero, para no variar, sólo se ocupaba de intrigar y en este terreno, que en su hijo estallara la hombría que le era exigible.  Yo sólo había de ser bien guardada para el postor más conveniente.
 Ya desfilaban grandes nobles,  unos abiertamente partidarios, otros deseosos de serlo, y también embajadores. Algunos aprovechaban el viaje para tantear pretendientes para desposarme y así lograr alianzas con mi hermano. Mi madre, siempre calculando la muerte de Enrique IV, empezaba a ofrecerme como fue ofrecida ella en su día. De esta manera, empezó a encargar retratos que aumentaran mi hermosura y disimularan mis faltas, para regalar a los príncipes de nuestra causa. Partían mis efigies a Inglaterra y Aragón, a Borgoña y a Portugal, mientras ella recibía las de mis correspondientes. Tengo que decir que alguna vez me enseñó retratos de aquellos mozos principales, pero no me dejó tenerlos conmigo. Decía que todos estaban embellecidos por el trazo mentiroso del pintor, obligado a enmendar a la naturaleza en beneficio de la política. Mi madre llegó a confesarme su gran decepción al ver en persona en el altar del matrimonio a mi señor padre Juan II,  mucho más feo que aquel retrato amañado que llevaron a Lisboa, cuando negociaban sus esponsales.
Se guardaba para sí los retratos. No era decoroso para una doncella como yo deleitarse en la soledad viendo representaciones de hombres.
Al cumplir catorce años, fue el 13 de noviembre de 1463, llevaron a Alfonso, ya hecho un hombrecito, a nuestro querido Arévalo. Allí cazaron perdices y faisanes, mandaron matar corderos y lechones, y se regalaron con vinos verdejos jóvenes y tintos viejos. No faltó ninguno de nuestros partidarios y el divino poeta Jorge Manrique, seguramente entre los vapores de la fiesta compuso unos malos versos
Excelente rey doceno
de los alfonsos llamado…
Dicen que mi hermano -esta vez sí- yació en orgía con una mora y con una judía y también con una pecadora cristiana. Ya no era más nuestro Alfonsinho, le había cambiado la voz y siempre estaba viajando, ora a Toledo o a Salamanca, o al villorrio de Madrid, en compañía de unos o de otros. Se desprendió de los criados de confianza. Ahora sus acompañantes eran escoltas, consejeros - o espías, ¡maldita sea! -  de los Zúñigas o Pimenteles,  o del Marqués de Villena; todos  jaraneros y obsequiosos, duchos en cualquier  danza, diestros lo mismo con el naipe que con la vihuela. Acompañantes más disipados y golosos no pudo encontrar nunca ningún adolescente de Castilla.
No estaba en las mejores compañías, y él lo sabía, pero también sería bueno y conveniente que escarmentara en su mocedad, aprendiera a ser él mismo y a desconfiar de estas familias que llevaban siglos asando sus venados en las cocinas reales. Algún día sería el verdadero rey de toda Castilla, y ya por entonces debería estar bien avisado de  trapacerías; que para empezar a andar había que arriesgarse a tropezar. En la última conversación que tuvimos se confió en mí, y eso todavía me extraña. Sin duda, ya era bien consciente de haber tropezado alguna vez en su camino. Me habló del vértigo del poder, de las maledicencias cruzadas que dirigían unas familias contra otras, pero que a él le aprovechaban, pues cada uno le revelaba su sucio juego, denunciando el juego sucio de los adversarios. Porque sí, todos parecían aliados, pero siempre con la condición de que  nadie lo fuera más que otro. Estaba aprendiendo a  mantenerlos en equilibrio; decía que ya podía considerarse aprendiz de la naturaleza humana y bachiller en las perfidias más sutiles de los poderosos.  Pero para ser un rey que merezca tal nombre, debería seguir estudiándolos hasta hacerse catedrático.
Tomamos entonces el tablero y las fichas, y me habló de torres y caballos, de alfiles y peones; de lo muy importante que era tratarles con respeto para servirse de todos ellos. Advirtió que él, impetuoso mozo como era, podía apetecer  el papel de la dama del ajedrez, moviéndose a entrar a saco a destrozar las huestes enemigas; pero concordó conmigo que debía ser el Rey, siempre protegiendo todos sus flancos con cualquiera de las piezas, porque en conservarle estaba toda la partida. Hablamos de do ut des, de aprender a decir no, de no dejar ver más que lo imprescindible la jugada que se preparaba, de un palo al burro blanco y otro palo al burro negro; esta le gustó: “ahora se va a enterar el Marqués de Villena”, y terminó con estas palabras: “gracias hermanina, por tu clarividencia; ojalá tuviera en el tablero que juego una reina como tú; seguro que estaría bien guardado”
 Yo creí que me había entendido, pero al día siguiente aparecieron dos jóvenes del partido del Marqués de Villena para proponerle un viaje a  Ávila: ocho leguas a caballo en pleno mes de julio. También iría con él uno de los Zúñiga, de quien nunca se separaba, y un apoderado de los Pimenteles. Sin pensar en lo que me había dicho y oído la jornada anterior, dijo “sí”. Le empujaba su mocedad, y el emular todas las ambiciones trenzadas por mi madre y sus partidarios.
Sucedió en seis leguas, porque de Árevalo le vieron salir bien galán en su caballo. En una aldea, de nombre Cardeñosa, pararon a darse descanso los hombres, agua y postura a las caballerías. Alfonso, fatigado, pidió yacer en una cama de la posada. No se levantó más de ella. La muerte quería pescarle y él  tragóse el anzuelo de ese maldito viaje. No niego que pudo haber sido el golpe de sol al que, imprudentemente, se expuso en aquellas seis leguas de cabalgada; otrosí es cierto que andaba la peste por nuestro reino, pero el médico que examinó su cuerpo dijo no haber encontrado bubones que le hicieran sospechar. Además,  el mismo médico se atrevió a indicarnos -en voz baja y mirando en derredor- que los colores de su rostro y el fato de su  último vómito le hacían barruntar arsénico. Hasta se aventuró a decir que unas discretas pesquisas le llevaron a pensar que el cebo pudo haber llegado a su boca en forma de trucha escabechada. Pero los otrora  entusiastas valedores de Alfonso, a quien pedimos auxilio para hacer justicia, sembraron dudas sobre el crédito del galeno, o  se miraron unos a otros, sin querer quebrar alianzas por arriesgarse a destapar culpables de la muerte de un rey que ya no sería. Hablaron de la peste o la calorina, o algún mal oscuro que se le hubiera arraigado en su afición al sexo femenino.
De nuevo, fuimos reducidas a dos pobres mujeres, dos isabeles  ahogadas en la pena. Nuestra corte, sin rey a quien adular, se desvanecía.
 Por confiado, Alfonso fue vano; pero su terrible escarmiento me enseñó a ser aún más cauta. Me correspondió desde entonces ser la Reina en el tablero de Castilla, pero yo sí habría de cuidarme con la prudencia de un rey. Sé que Alfonsinho estaba acercándose a la sabiduría y hubiera sido un buen monarca. Su sincero amigo Jorge Manrique, doliente trovador de Castilla, le escribió estos versos.
Mas como fuese mortal
metióle la muerte luego
en su fragua
Hoy veo yo desde mi lecho los humos de esa fragua, sus calores me corren ya por la frente; pronto me confundirá con los alfonsos malogrados que en mi vida han sido, mi hermano y también –no sé por qué no me daba cuenta de aquel mal fario- con el mismo nombre quise bautizar y así llamaba a Juan, mi hijo más amado. Conozco que en mi último viaje, camino de Granada, mis restos también recorrerán aquellas seis últimas leguas. Mando hoy que, en respeto de su muerte, mi cortejo fúnebre haga en Cardeñosa una parada.
Medina del Campo, veinticinco de noviembre, año del señor mil quinientos y cuatro
Yo, Isabel, Reina de Castilla.






Epílogo de Jorge Manrique (Gracias Jorge)


Pues su hermano el innocente
qu’en su vida sucesor
se llamó
¡qué corte tan excellente
tuvo, e cuanto grand señor
le siguió!
Mas como fuesse mortal
metióle la Muerte luego
en su fragua.
¡Oh juicio divinal!
cuando más ardía el fuego,
echaste agua.
JORGE MANRIQUE Copla XX, a la muerte de su padre.