domingo, 29 de diciembre de 2013

LOS ÍDOLOS Y EL MÉTODO

 Los ídolos
El pasado sábado en el mercadillo de Comendador tomé en mis manos este libro panfletario. Lo abrí, buscando los datos que me concernían: -Cipriano Mera aparece a primeros de septiembre de 1936 en el Valle del Tiétar, llegando hasta Lanzahita-, en esos minutos de hojeo concluí que efectivamente era un panfleto y que, casi con toda seguridad, no me iba a aportar nada. No obstante, por el prestigio estético de mi ya no pequeña biblioteca personal sobre la Guerra Civil, y por si acaso hubiera algo sobre nuestro Barranco, lo compré.

Al calor de la libertad de edición que se abrió tras la muerte de Franco surgieron muchos libros para satisfacer la demanda de conocer “la verdad del otro lado” que había sido tan denostado  por el régimen militar durante casi cuarenta años.
1977 no era el momento de ser riguroso, de poner la media verdad que faltaba, cotejarla, filtrarla, esclarecerla, sino de vender (siempre es el momento de vender para los simples vendedores) y quienes tenían gana de comprar estos libros no estaban dispuestos a que les dieran por ciertas muchas de las maldades que había exhibido el franquismo machaconamente sobre los perdedores de la guerra; al contrario, querían una vuelta de tortilla en toda regla, que los sanguinarios rojos se transformaran en líderes valientes y morales.

Y para apuntalar la erección de los ídolos no se reparaba en artificio legendario y completamente falaz. En este libro se narra la, desde mi conocimiento, inexistente carga de caballería mora sobre  una población del Tiétar, (supuestamente Lanzahita) que, por supuesto, no se cita, ni tampoco la fecha. En la narración, los anarquistas de Cipriano Mera, bien parapetados, contienen la respiración y las ganas de apretar el gatillo para que se pongan bien a tiro los moros que se aproximan con sus caballos y su griterío salvaje (estamos viendo la típica estampa que se representa en Marruecos para los turistas) y, justo en el momento ideal, Cipriano Mera da la orden de ¡fuego! y se descabalga a decenas aquellos mercenarios y los caballos vuelven sin jinete, espantados por el ruido. (En cuántas películas a cámara lenta, antes y  después de Sam Pekimpach, hemos visto esta escena)
Otra imagen falaz, -tampoco se sabe en que fecha ni lugar sucedió-, es la de los dos líderes populares: el más famoso, Enrique Líster, comunista de muy larga carrera,  que fuera recompensado con un mal poema de Machado si mi pluma valiera tu pistola Oh Líster y nuestro Cipriano Mera, que deciden, para dar ejemplo de su valor temerario, ponerse a descubierto en una trinchera, y aguantar el tipo ante las balas, hasta el punto soberbio de llegar a ofrecerse tabaco y papel de fumar, liarlo y prender el cigarro, mientras los nacionales disparan y las balas silban y zumban al lado, y levantan polvo a los pies de los héroes.
El escritor, probablemente simpatizante anarquista, recoge o directamente se inventa estas anécdotas y, aunque no creo que se las creyera, porque son increíbles, las deja correr. Así, la persona que hace treinta y tantos años compró por cincuenta pesetas este libro las daría por bien empleadas diciendo: ¡qué verdades nos habían callado!

El problema para alguien como yo, que quiere llegar hasta lo más lejos posible de la verdadera historia, es que encontrando estos “datos” ya no es posible dar por cierto ningún otro que no esté corroborado por otra fuente seria.
Así que no sé si terminar este libro sólo para ver su literatura en  homenaje a este hombre que debía ser un buen albañil, aunque no tan excelente como el libro se molesta en mostrar, pero con su maestría en la paleta y el cemento se ganaría el respeto de sus compañeros. El maestro albañil que, poco a poco, devino en líder sindical de la CNT, que fue encarcelado varias veces y más tarde cuajaría en líder militar: le sacaron de la cárcel donde estaba preso en julio de 1936, en octubre ya era teniente coronel y en el 1938 fue ascendido a general, (todo a pesar de la preponderancia de los comunistas que marginaban a los anarquistas).
Mera no es tan famoso como Durruti, porque no tuvo la suerte histórica del martirio (1). Fue detenido tras escapar a Orán y a punto de embarcarse para América por la Francia colaboracionista de Petain y entregado a Franco cuyos tribunales militares le condenaron a muerte en  1944, aunque le conmutaron por 30 años de cárcel y le indultaron el 1 de octubre de 1946, poniéndole en libertad vigilada desde entonces, aunque consiguió burlarla y pasar a Francia el 11 de febrero de 1947 donde volvió a trabajar como albañil, muriendo el 24 de octubre de 1975, menos de un mes antes que el hombre que tan sorprendente y tempranamente le indultó, Franco. 

(1)   Buenaventura Durruti murió paradójicamente  en el hotel Ritz de Madrid, que se había convertido en  el hospital de las Milicias Catalanas, el día 20 de noviembre, (el mismo en que fue fusilado José Antonio Primo de Rivera y exactamente 40 años antes de que para hacerlo coincidir –con José Antonio no con Durruti- mantuvieran vivo y desconectaran a Franco) Durruti había sido herido mortalmente en la Ciudad Universitaria de Madrid,  entonces pleno frente de guerra, por el disparo accidental o doloso de un compañero anarquista apellidado Manzano, pero quedó como el prototipo de líder. Os añado que ya tenía un amplio bagaje con una leyenda de atracos para la causa anarquista, cárceles en España Bélgica y algún país iberoamericano, y ya en la Guerra Civil la apoteósica salida de Barcelona  pasando por Aragón y presentándose con su columna a salvar la ciudad de Madrid del fascismo que había llegado a sus puertas.




miércoles, 25 de diciembre de 2013

SOBRE LA AUTODETERMINACIÓN DE CATALUÑA

Por supuesto que tienen derecho, pero por qué Cataluña y no Barcelona o Tarragona. Existe un problema de ámbito. ¿Por qué si los barceloneses o tarraconenses quisieran seguir siendo españoles, deberíamos permitir, cuando lo impiden la constitución y las leyes, que el resto de catalanes les forzaran a  romper los vínculos con nosotros?

Será muy aparatoso. No se puede romper de un día para otro, ni siquiera de un año para otro: aduanas, policía, pleitos, leyes, derechos legítimos que la gente perdería o se enturbiarían y, por supuesto, todo sin retorno y con muchos costes.
Desde luego que es más grave, e igual de costoso proporcionalmente, un divorcio para una familia y se producen todos los días. "Aquí" también hay hijos, y muchos bienes compartidos que habría que dividir. Cataluña como país mediano que sería habría de tener ejército, y marina, y aviación. Un ejército que tendría como enemigo potencial al opresor estado español, siempre malvado y apetente de las riquezas catalanas. Un gasto nuevo,  más inútil todavía: y nos tendrían que enseñar los dientes, como los perros, al otro lado de la frontera.
Aunque quizá no quieran frontera, aunque quizá no quieran ejército, aunque quizá quieran seguir jugando la liga española, aunque quizá quieran que los derechos sean reconocidos en los dos lados de la frontera. Tampoco estoy estudiando atentamente lo que quieren.

El simple ruido internacional que puede estar produciéndose ya es malo para España y seguramente peor para Cataluña, porque muchas empresas distribuidoras para España (y también para Portugal), tienen su sede logística, administrativa, en Barcelona. En el puerto de Barcelona se descargan muchas mercancías que van para "el resto de España". Ya no tendría sentido pasar dos aduanas, lo ganaría el puerto de Valencia o cualquier otro.
Por otro lado, no se puede luchar contra un sentimiento de desafección o de odio. Si ya no nos quieren, o ya no nos queremos, como personas debemos separarnos. No hay que aguantarse, cualquier individuo puede decidir negarnos el saludo, romper con la urbanidad, aislarse, encerrarse, marcharse a las antípodas, incluso suicidarse. ¿Lo puede decidir una sociedad, un pueblo, una provincia una región? es mucho más complicado ¿cómo ha de decidirlo? ¿un representante puede decidir algo tan serio por todos?
En este blog hablo mucho de la guerra civil. Hay gente que piensa que los militares golpistas o mejor Franco, el taimado, el astuto y calculador, decidió hacer una guerra y hacerla larga para destruir y desgastar al movimiento obrero, a la democracia, al liberalismo, decidió romperlo él poco a poco y esperar que se pudriera para que la gente en la zona republicana, hastiada de anarquía y destrucción deseara que viniera alguien con la mano dura para ponerla encima de todos por espacio de treinta y muchos años.

Yo creo que Franco no quiso que se quemaran iglesias, ni se asesinara gente de derechas o curas, ni que se saquearan, ni se bombardearan ciudades, ni que se violaran mujeres.
Simplemente, creo yo, quiso un golpe de estado incruento, sin oposición, quizá con represión selectiva pero nunca con toda la destrucción y muerte que trajo.
No. No amenazo con la guerra; es sólo echar a andar un proceso: un proceso general de afirmación y negación, de pleitos y divorcios, de vallas, aduanas, contrabandos, de entorpecimiento de los derechos de la gente, algo que se echa a andar sólo con la idea de que salga lo bueno, pero del brazo vendrán otras consecuencias indeseables, y lo peor, quizá irreversibles. Yo no pienso demasiado en ello. Supongo que los partidos que lo proponen también habrán pensado en los aspectos negativos de su decisión.

Yo no sé si la mayoría de los catalanes nos odian. Eso es muy serio y no tiene fácil remedio porque el odio es más violento que el amor y, una vez cargado, es como un golpe que se diera una maquinaria de relojería. Quien siembra odio no debería ser relojero, no debiera querer gobernar la maquinaria de las sociedades porque es más fácil romper un reloj que arreglarlo.
Una vez descargado el odio, como la guerra, como los divorcios, todo se encarniza y muchas cosas se destruyen, todo se desaprovecha.

Si yo tuviera que autorizarlo no sabría que decidir: me gusta mucho la libertad.

sábado, 21 de diciembre de 2013


A pesar de que yo no he leído, ni de lejos, una representación de la literatura universal, me permito afirmar que el personaje del “tipo duro/sentimental/urbano” es una original creación norteamericana de la primera mitad del siglo XX.
Este arquetipo literario suele ser el detective privado con la cara de Humprey Bogart y el texto de Raymond Chandler, Dashiel Hammet, del guionista de Casablanca, (aunque lo transforme en un trotamundos devenido a hostelero) y otros actores y escritores, que serán padres, hermanos, primos, hijos, sobrinos o nietos de este tipo de personaje.

Se trata de un hombre anómalamente culto entre la media de la gente con la que se mueve, que desprecia el dinero, que tiene una relación canalla con las mujeres y con los estamentos del poder, y que nos obsequia con estúpidos detalles románticos que sólo él puede entender. Violento y temerario casi siempre, aunque le estén partiendo la cara, exhibe un humor ácido que no busca la complacencia de sus interlocutores, sino hacer sarcasmo de sí mismo y de sus destinatarios. Es siempre un hombre urbano, que recibe ocasionalmente dinero de las múltiples fuentes que puede aportar la economía de las ciudades contemporáneas, y siempre gasta más de lo que recibe, la mayor parte de ello en cosas inútiles como el alcohol, regalos desproporcionados o cuantiosas propinas.
Es un arquetipo caballeresco con amalgama de metales europeos en el crisol que era la sociedad norteamericana de la primera mitad del XX,  por lo cual tiene  cosas de don Quijote, de Hamlet, de Fausto... hasta de Aquiles, (nunca he sido capaz de leerme La Iliada, así que escribo de oídas)  cuyo tendón suele ser una mujer,  (como la de otro personaje bien europeo, aunque radicado en Argentina, del que también tiene trazas: los tangos que canta Gardel).


Toda esta exposición es para dar cuenta de que estoy leyendo la novela  de 1939 “Pregúntale al polvo” de  John Fante  en la que el protagonista, Arturo Bandini,  es un escritor, -entiendo que un “alter ego” del autor-, también de orígen italiano. El personaje, del que Fante escribirá más secuelas novelescas, logra transmitir el arquetipo antes mencionado “es  decir se comporta como un detective privado” y adjetiva con tanta gracia y profundidad como el Philip Marlowe de Raymond Chandler (hace 25 años que me lo leí casi todo).

Ha sido una gozada esta novela, y también lo fue para Charles Bukowski, que aporta un rendido prólogo escrito en 1980 en el que se reconoce muchas deudas de  paternidad con Fante.

Y a mí también me recuerda al personaje, que crea, se cree o interpreta Joaquín Sabina, a pesar de que el de Úbeda  sea tan español. En estos tiempos hay, como de todo ya, cientos de miles por el mundo. Y es que, si la literatura siempre fue líquida y discurrió en corrientes por la geografía, en el siglo XX se hizo gaseosa. En el XXI ya se ha hecho internáutica, que es una especie de expansión de creatividad que se transporta certeramente a la velocidad de la luz. 

Y ahora doy al botón de “publicar”.

Lorenzo González Canales. UN HOMBRE JUSTO (O DOS)

RECTIFICACIÓN DE UN ARTÍCULO ANTERIOR: HAY QUE SER JUSTO CON LOS JUSTOS, ESPECIALMENTE RECONOCERLES  por SU NOMBRE.

Cualquier historiador de la Guerra Civil Española debe estar agradecido de que le aparezca un mirlo blanco como  quien era secretario de Lanzahita (Ávila) en agosto de 1939: un ángel llamado Lorenzo González Canales (1). Este hombre se guió por criterios de justicia con mayúsculas y,  consecuente con su función de secretario, dio fe de toda la verdad que conocía. (aunque no puedo afirmar que no haya más muertos de los que él anotó, pues no he investigado este pueblo)

Quizá hizo lo que hizo por pura coherencia “contable”, porque su antecesor, (que sí fue destituido provisionalmente por los nacionales el 10 de noviembre de 1936),  hubiera comenzado anotando en el registro civil los (al menos) ocho muertos que se producen en un choque bélico entre los milicianos que llegan de Madrid y la Guardia Civil de Arenas de San Pedro, adherida al "movimiento", el 26 de julio de 1936: habían sido un guardia civil de Pedro Bernardo y siete milicianos.

Cuando en 1939 la Fiscalía para la Causa General sobre la Guerra Civil envió a todos los pueblos una ficha para rellenar la relación de personas residentes en este término municipal que durante la dominación roja fueron muertas violentamente o desaparecieron y se cree fueron asesinadas. Pues bien, este hombre tuvo la honradez de apuntar también a los de izquierdas. Seguramente apuntó todos los que conocía, y además no hizo un trabajo rutinario: se molestó en investigar. Aunque tenemos que decir que lo de “durante la dominación roja” no lo cumple: llega a incluir a un médico cuya ideología califica “de izquierdas”, que falleció en Ávila por heridas de armas de fuego  el 2 de agosto de 1936. Nadie podía desconocer que Ávila capital fue zona nacional desde el mismísimo 18 de julio de 1936, y que allí no se produjo ningún altercado, ni respuesta significativa contra el alzamiento. Por lo tanto este secretario se extralimitó del todo, porque ese médico fue asesinado inequívocamente “bajo la dominación nacionalista”. 

(En Lanzahita, para quien no sea estudioso del tema, le diré que hubo "dominaciones" de los dos bandos, y pueden caber dudas sobre quien mandaba en cada momento mientras que, en Ávila capital, todo estuvo claro desde el principio)

González Canales me recuerda al protagonista del primero de los cuatro cuentos del libro de Alberto Méndez con el nombre de “Los Girasoles Ciegos” quien, asqueado de toda la sangre brutal e innecesariamente derramada, decide el último día de la guerra pasarse al enemigo como medio de expiación, para que su conciencia no le declare cómplice de la victoria, sino perdedor de la guerra. http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=7185936966255904133#editor/target=post;postID=6152182935669080525;onPublishedMenu=posts;onClosedMenu=posts;postNum=59;src=postname

Gracias a este buen secretario podremos incluir en mi libro, porque fueron matados en el término de Mombeltrán y, por lo tanto, pertenecen a los límites de mi investigación, a Adolfo Molero Labrado de 30 años, Pedro Rituerto, Alguacil de 20, Ceferino Robles Carrillo, de 24, y Emiliano Priego Ahijado, de 28 años: todos murieron en fecha que se ignora, “con heridas por arma de fuego”. Los cuatro reúnen la condición de ser de izquierdas, la profesión de jornaleros, y que en el momento de rellenar la ficha aún no han sido inscritos en el Registro Civil. (Es algo que costaba dinero, que suponía una cierta reivindicación y una cierta denuncia y la gente lo fue haciendo porque era necesario acreditar la muerte para cuestiones de herencias y otros trámites legales)
El secretario desconoce la fecha de su muerte, (porque si no, no tengo dudas de que la hubiera apuntado) y escribe “se ignora” en la fila de “personas sospechosas de participación en el crimen”. Hubiera sido el colmo de la osadía consignar aproximadamente quien los mató o fue a buscarlos a casa, como se hacía (y fue lo que hizo este secretario con los sospechosos “rojos”). Y añado que no es tan difícil que se supieran como vox populi, por entonces, muchos detalles de la detención, o incluso del fusilamiento, de estos cuatro.

En otra ficha, que casi nadie más rellenó en todo el partido judicial de Arenas de San Pedro, se  pide la relación de cadáveres recogidos en este término municipal de personas no reconocidas como residentes en él, que sufrieron muerte violenta durante la dominación roja.  El secretario se ocupa de recoger los nombres que conoce, las profesiones y los pueblos de origen de los muertos. Además, en la fila donde había que anotar filiación política y cargos públicos que había desempeñado siguió teniendo la fidelidad  de escribir “de izquierdas”.
A mi libro le concierne que el 12 de noviembre de 1936, (más de dos meses después de estar ocupada esta zona del Valle del Tiétar por el Ejército Nacional y dos días después de que la guardia civil haya destituido al anterior secretario) en el kilómetro siete, aparecieron muertos cuatro hombres “de izquierdas” de Mombeltrán. Debían ser conocidos y también su edad, pues en una anterior anotación de un “miliciano rojo” escribe hombre desconocido como de unos treinta y tantos años (...) luego a los siguientes, de los que se dice la edad exacta, alguien los conoció:
El primer “hombre de Mombeltrán” tenía 22 años  y vestía una chaqueta clara de dril, camisa anaranjada con rayas, pantalón de pana y alpargatas llanas.
El segundo tenía 36 años y su indumentaria es igual, salvo la camisa, que era blanca.
El tercero tenía 48 años,  llevaba una blusa azul suelta, camisa blanca, pantalón de pana y calzaba abarcas.
El cuarto también tenía 48 años y llevaba una chaqueta de dril claro.
Estoy persuadido de que González Canales vio estos cadáveres, probablemente porque los llevaron a enterrar al cementerio de Lanzahita. Si no examinó la documentación que tuvieran, los conocía o, al menos, alguien le tuvo que decir que eran de Mombeltrán.
Yo le estoy muy agradecido, aunque personalmente le habríamos pedido que hubiera dejado escritos sus nombres, pues si pudo averiguar la edad exacta, más fácil hubiera tenido saber y escribir ese otro dato. Ninguno de los que yo encontré en el registro civil de Mombeltrán fue asesinado el 12 de noviembre. Tampoco nadie me ha hablado de estos cuatro.  Únicamente tengo entre mis datos el 12 de septiembre a Bernardino Gómez Sánchez, de 26 años, como enterrado en Lanzahita. Puede ser que este secretario fiel se confunda o le confundieran con el origen de los muertos; si no es así, a mí me faltan datos, Lo que no se me ocurre es que se inventara el fusilamiento de cuatro hombres para que  nosotros los descubriéramos ahora, pero mucho menos todavía para provocar a las autoridades franquistas de entonces. Con esto último se la podría haber jugado -yo creía que así había sido-, pues en 1941 ya no firma el “informe de las checas” que, ya no incluye más que los asesinatos a "nacionales".
Lo hace como secretario el administrativo del ayuntamiento. Me permito interpretar que nuestro secretario fiel tiene escrúpulo y no quiere firmar un documento parcial;  aunque también me cabe pensar que podría estar enfermo, ya que me ha sorprendido que nuestro héroe civil sólo viviera 47 años, lo cual no indica buena salud. Puede abonar esta tesis el que en el momento de nombrarle secretario de Lanzahita (1937) Lorenzo tiene 24 ó 25 años y con esa juventud, salvo enfermedad entiendo que debería estar luchando en la guerra con los nacionales.
Sigue firmando el Juez de Paz, Ildefonso Dégano, quien también rubricó estas fichas fieles, incluyendo a las “otras víctimas” por eso hablo de “o dos” aunque mi impresión es que el Juez de Paz suscribió sin participar en ello, pensando que el secretario sabría lo que se hacía. 

(1) Mi admirado Francisco Umbral  resaltaba nombres en negrita en muchos de sus artículos. Yo no suelo hacerlo, pero hoy en homenaje a este hombre, rompo mi costumbre. Siguiendo con maneras antiacadémicas, voy a dejar unas a manera de pintadas en la pared:

GONZALEZ CANALES= HOMBRE JUSTO

GONZALEZ CANALES= SINDLER DE LA MEMORIA

Debo la rectificación del correcto apellido y nombre de Lorenzo González Canales, yo escribí "Cremades" en lugar de Corrales y aventuré otro nombre en lugar de Lorenzo, a Alfonso García de Enterría Lorenzo-Velázquez, actual secretario de Lanzahita, quien ha hecho para nosotros un estudio de la documentación municipal relacionada con este episodio de  la vida del secretario fiel.










martes, 17 de diciembre de 2013

DESENTERRAR A UN MUERTO

Un amigo me llamó anoche todavía impactado por la emoción transitiva de una madre de más de setenta años.

(Aunque yo quisiera ser más, pienso que mi condición de padre es la mitad de paternidad que si fuera  madre. Por eso, mi amigo Serafín de Tapia y yo creemos que podríamos sólo atisbar el sentimiento de aquélla madre en el simbólico desentierro de su hijo.)

Es un poco dura fonéticamente la palabra desentierro con tanta erre desgarradora. Y es que a veces no es tan hermosa la palabra tierra, ni su significado; recuerdo que los latinos hablaban “que la tierra te sea leve”.
Enterrar y desenterrar a un hijo, como ha podido hacer esta mujer, deben ser estremecimientos  muy por encima de las palabras, de los gestos inteligibles, hasta de los gruñidos de la sinrazón, y ayer a esa madre se le dio asistir al desentierro público de su hijo y seguramente conmovió a todos los que fueron testigos.

Es inevitable irse a la religión: Lázaro llevaba muerto tres días y dicen que ya olía mal,  y fue resucitado. Ignoro, pero no serán menos de 15 años que hace del entierro de tierra de este hijo que desenterramos ayer. Nadie sabe si Lázaro murió, suponemos que lo haría calladamente por consunción, como va muriendo cualquier vida, pero queda que  es un resucitado y eso ya le ha valido para siempre.

Ayer la asociación Ávila Abierta por milagro civil desenterró a Paco Verdú, y arropó como es debido a sus familiares en el desentierro. Sucedió (ya son ganas de jugar con los términos, pero fue así) en una cripta y, desde debajo de la tierra, la anciana madre quizá pudo subir a la superficie, volver a su casa, con la imagen erguida de su hijo resucitado. Y casi seguro que lo hizo sólo con los recuerdos vivos, de la vida buena, como si su "niño" hubiera salido con un lienzo inmaculado,  inmune para siempre a la muerte. Poco importa que mucho más tarde quizá muera por consunción, cuando todos los que le conocimos terminemos de olvidarle.

Paco Verdú era un artista y tuvo la suerte de pintar obra que permanece. Yo le compré del suelo de la calle, por muy poco dinero, obritas menudas, de pequeño formato: pruebas, experimentos, bocetos de los que se había cansado, o quería fundir para transformarlos en un triste o alegre cartón de vino, -que supongo que ese fue el fin del dinero que de mí consiguió-. Ahora, cuando vaya a su exposición, veré su obra convencional, grande, valorada, enmarcada por sus propietarios, como la de un artista más.
Pakuto, que así se le conocía, fue un marginal artista que murió sólo con 40 años, de alguna enfermedad de vocacional mala vida o de sobredosis de autodestrucción: el casi inevitable tropezón final de jugar a la cuerda acercándose al abismo, como si no importara.

Supongo que casi ninguno de los que ayer estuvieron desenterrándole, pudo conmoverse en los momentos de su ignota muerte, pero ahora nos hemos hecho parientes de la solidaridad de la vida recuperada, desenterradores emocionales.  Que sea para muchos años.
Aquí dejo este enlace al periódico Avilared, que hizo muchas fotos:http://avilared.com/not/7927/la_obra_pictorica_de_paco__anos_despues/

y de ÁVILA ABIERTA http://www.avilabierta.com/PDF/Eventos%20EXPOSICIONES/pacojimenezverdu.pdf

domingo, 15 de diciembre de 2013

Serrano Suñer, el que salía en las fotos. (con Hitler, con Mussolini...)



Cayó en mis manos este libro: una iniciativa editorial muy interesante, que contiene dos estudios, uno, de derechas y muy condescendiente con el personaje y el otro, de izquierdas,  bastante crítico. Ambos se realizaron simultáneamente, para ser publicados en 2003.

Si uno mira el Noticiario Cinematográfico (NODO) español de posguerra, encuentra a ese personaje ataviado con elegantes y decorados uniformes blancos o negros, en compañía de Hitler, Mussolini, sus ministros exteriores, Ciano, Von Ribentropp y, por supuesto, de su concuñado Franco. Franco y él estaban casados con dos hermanas. Impropiamente, a Serrano Suñer le llamaban el “cuñadísimo”.

En 2001, cuando mi hija tenía un año, en un parque de Zamora, trabé muchas conversaciones con un excombatiente del bando nacional de la Guerra Civil. Creo que en ellas salió este nombre y él me sorprendió diciendo, “pues todavía vive”. Yo entonces tomé interés por el personaje pensando la suerte que sería poder entrevistar todavía a alguien que tomó el té con Hitler.
A pesar de que Serrano desapareció de las fotos en 1942, sobrevivió a su concuñado 28 años, porque llegó a ser centenario. Pero consiguió pasar desapercibido, en el sentido de que nunca percibí que nadie se metiera con él y le recordara esas fotos con dictadores.

He podido leer que se convirtió en un próspero abogado que, también, ocasionalmente escribía en los periódicos. También le tengo grabado, de civil, de viejecito, en entrevistas para la BBC, sobre la guerra. Un respetable anciano con clase. Al final su adulador le atribuye una evolución de pensamiento y paternidades democráticas. Desde que dejó el poder se ocupó de publicar un par de libros para limpiar su pasado de plomo y tratar de justificar su papel al lado de esos personajes funestos.
Su panegirista dice: en estas líneas está el argumento para entender su evolución a lo largo de los lustros, con dignidad, honradez y coherencia.

<<Distinguir entre la verdadera fe y la terquedad obstinada proveniente de la pereza y la vanidad, y también cuando se trata de una mera o cínica acomodación a nuevas situaciones y a nuevas ocasiones de provecho y granjería>>.

La “verdadera fe” fue demasiado cambiante, en mi opinión, y lo hizo, si fue sincera, para bien, aunque tuvo más de cien años para enderezarla a gusto de las circunstancias. Por supuesto, tampoco era, -según su rendido biógrafo- a pesar de su afición por las chaquetas, "un chaquetero".

Serrano Suñer ha sido una persona de derechas: fue diputado por la CEDA  una coalición de las derechas en la república: es decir, en libertad, no compartía el extremismo falangista. Tuvo la suerte de estar muy bien relacionado, aparecer en el sitio justo, la Salamanca capital de la España Nacional,  en el momento preciso, con la mayoría de los dirigentes falangistas asesinados o encarcelados por los republicanos,  con la vitola de haber sido amigo personal de José Antonio Primo de Rivera y con la guinda de ser concuñado de Franco. Como también era un hombre de sólida preparación jurídica, tuvo matrícula de honor en su expediente académico y había sido Abogado del Estado de profesión,  tomó las riendas del Estado y de La Falange.

Pero también es una víctima de la Guerra Civil. Fue confinado en la cárcel Modelo de Madrid, aunque sus buenas relaciones  con todo tipo de personalidades, le permitieron evitar que le fusilaran primero, y después, urdir un plan para evadirse poniendo en juego a mucha gente. El plan logró salvar su vida y colocarle en la cúspide del poder, aunque le cobrarían la represalia del asesinato de  los dos hermanos que le ayudaron a escapar de Madrid.

Ello no le hizo ser más humano, ni abogado de la reconciliación; desde sus cargos no paró en ningún momento el chorro de sangre roja que vertía y siguió vertiendo después de la guerra, la represión nacionalista. Tan sólo evitó el fusilamiento disciplinario de falangistas: Hedilla, Arrese, que se habían rebelado contra Franco porque estaba domesticando a la Falange.
Fuera como fuera, al final de su vida hasta el siglo XXI, -el personaje histórico como tal deja de serlo en 1942 cuando después de abogar por la intervención en la guerra, de apadrinar la División Azul y  participar en la represión, pues fue ministro de la Gobernación, Franco lo manda a casa, por muchos motivos, así eliminaba lastres de esas fotos, así vengaba el honor de la hermana de su mujer, (a quien Serrano Suñer puso cuernos con el resultado de una hija), y otros equilibrios del poder que ya le desgastaban- la historia debe condenar a ese actor, por ser quien fue, apoyar a quien apoyó y estar con quien estuvo.

Pinochet o Fidel Castro o Pol Pot o Videla, después de sus jubilaciones de poder también pueden estar siendo o haber sido unos viejecitos educados, encantadores abuelitos. Pero la historia debe ser justa con la historia.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Estados Unidos es un país todavía nuevo y de aluvión en el que la gente no se termina de conocer. El que siempre se haya mantenido libertad de religiones y costumbres de tan variopintos abuelos hace que no sepa muy bien de qué pie cojea cada vecino. El consumismo y el culto al triunfador generan depresiones en los que no triunfan. El individualismo y la antipatía alimentan psicopatías. Y una paradoja: la falta de cotilleo, eso que tanto padecemos los latinos, impide el control de los vecinos. En un país de tan variopintas familias nadie puede pretender encasillar, y por tanto no se da la complicidad para darse el amistoso codazo y compartir la “malsana” inquietud de escudriñar a los vecinos, así que cualquiera de éstos se puede atrincherar en su individualismo conspirando contra la sociedad para, un día, perpetrar una masacre, o un sencillo e igual de incomprensible asesinato.

Mi amigo Pablo me prestó este libro, que parece que es el conjunto de cuentos en los que el cineasta Robert Altmann  se inspiró para su película “Short Ctus” “Vidas Cruzadas”. Los cuentos originales no están enlazados como en la película; fue el cineasta quien se tomó la licencia de cruzar estos personajes. Hace cerca de diez años fue este amigo quien me grabó la película en video, y la recuerdo como cotidiana e inquietante a la vez.
Es una obra cinematográfica, -lo son los cuentos, como es lógico-, que carece de unidad y de  norte moral: no hay una brújula que oriente nada. Las cosas suceden inopinadamente y aportan desolación a sus víctimas. Sin remisión, como la vida misma, que genera desgraciados todos los días: unos se lo buscan y otros, más tristemente, se lo encuentran. La inquietud de que algo pueda pasar lo hace posible, lo hace temible, y a veces, sencillamente, lo ejecuta. 
La justicia no existe, la impunidad es cuestión de suerte; sin héroes ni villanos, con una tremenda desconfianza hacia el prójimo. No es extraño que EEUU sea el paraíso de las compañías de seguros.
El cine y las series (incluida Los Simson) llevan alimentándonos de la cotidianeidad norteamericana, de manera que a veces creemos que estamos bajo aquélla piel, y por eso recuerdo que la película me afectó y ahora, estos excelentísimos cuentos también me han afectado íntimamente. Dejan un frío asentimiento en la cabeza: sí, esto también puede terminar pasando aquí.


No sé si he dicho que es un libro muy recomendable.

domingo, 8 de diciembre de 2013

INTROSPECCIÓN

Los adolescentes, siempre inseguros, se miran constantemente al espejo en la intimidad: ellos, para computar la suficiencia de su pene, (ahí anduve yo, hace casi cuarenta años, midiéndomela con el borde un calendario de bolsillo); ellas, seguramente, para calcular el volumen o la estética de sus senos (considero muy de agradecer -en orden a evitar complejos femeninos- que el escultor Milo que no pusiera unos senos imponentes a su Venus; creo que son los más famosos de la historia)

Como joven bloguero me la mido. No voy a divulgar mis medidas; me parece de mal gusto. Pero me interesa curiosear cuáles temas funcionan y cuáles no, según qué público.  También me interesan mucho las nacionalidades. Creo, espero que el inconsciente no me traicione, que nunca he escrito con ánimos de mejorar la estadística. Recientemente tuve unas 60 visitas de Malasia, lo cual no sé a qué atribuir, quizá un profesor de español que allí recomendara algún artículo mío. Ya se consolidan algunas visitas semanales de China. No acierto a imaginar, salvo profesores o alumnos de español que me sigan, por qué he tenido centenares de visitas de Ucrania. Las de Hispanoamérica,  supongo que, al menos, un tercio se explican por Silvio Rodríguez y sus resacas y porque trato de muchos libros. Las de Estados Unidos, que son las más numerosas después de las españolas, las explico por el mismo efecto de Silvio, y porque ya son el primer país en número de hispanohablantes. Cuando escribo de los judíos no suelen fallar un par de visitas desde Israel: ahí no puedo evitar pensar en algún servicio policial o de espionaje que controle en toda la red cualquier afloramiento de palabras relacionadas con ellos, por si alguno fuera peligroso; sucede que las visitas de Israel no suelen permanecer en el tiempo.
Por si os interesara, y por contar algo relevante, y también para expresar mi agradecimiento a todos los seguidores de cualquier nacionalidad, he tenido de Nigeria, de Taiwan o de Arabia Saudita,  pero  voy a publicar el escalafón de visitas de nuestro blog:
España
Estados Unidos
Francia
Rusia
Alemania
México
Colombia
Argentina
Reino Unido
Ucrania



Posdata: Hoy estoy un poco de mal humor porque había participado en un concurso de cuentos en San Esteban de Gormaz (Soria), y no me han dado ningún premio. Me consolaré pensando que hay 897 personas que probablemente tengan la misma sensación. http://www.sanestebandegormaz.org/

jueves, 5 de diciembre de 2013

CUESTIONES CELESTES

 

El pasado 3 de diciembre murió el locutor de radio y divulgador de música clásica, Fernando Argenta. En uno de los mensajes electrónicos que recibió el programa de radio, que en su homenaje se hacía al día siguiente, un oyente se congratulaba de que ahora pudiera estar en el cielo escuchando la música de Bach tocada por el propio Juan Sebastián.

 

Como yo no tengo presente esta posibilidad, la idea me sorprendió tanto que me puse a fantasear.

-I-

Un cielo que merecería la pena la eternidad: inimaginable un concierto en el que concurrieran los genios de Bach al órgano y de Beethoven al piano, improvisando citándose, retándose musicalmente, y nosotros de público, sin ninguna prisa.

Otros días con Brahms o Schumann o Haendel. Pero inmediatamente pienso que aquello sería un cielo protestante. Lo siento, me quedo con ellos, a mí lo que más me gusta es la música. Si yo fuera al cielo, con toda la eternidad por delante aprendería alemán con la intención de poder cantar en un coro, una cantata, una pasión,  la novena sinfonía o alguna de las obras corales que montaran estos músicos en el cielo. Pensando más y  con todo el tiempo del mundo, también aprendería a tocar el violoncello, para participar en alguna orquesta o música de cámara, sonatas o en los cuartetos de cuerda que seguirían componiendo estos genios.

Por supuesto que estando esta gente por allí yo no andaría perdiendo mi tiempo ni haciéndoles perder el suyo a  Dios padre, ni mucho menos al incomprensible Espíritu Santo. Nada que decir, ni que preguntar a toda la retahíla de santos, mártires, reformadores, apóstoles... 

Jesucristo tiene más interés: si le pillara solo sí que procuraría entrevistarle, pero más sobre sus facetas humanas, que sobre las divinas.
 
Ahora bien, lo lógico después de tanta historia es que haya sólo un cielo de verdad, una sola religión verdadera, ¿qué sentido tendría que, después de tantos muertos por guerras de religión, fuéramos todos al mismo cielo?

Pero tampoco puede ser: no sé cómo bromearían mártires con martirizadores, Torquemada y los judíos o los herejes (protestantes) que queman en al hoguera, en la novela de Miguel Delibes. No puede ser, no se concibe: o no hay ningún cielo o debe haber compartimentos estancos.

¿Se podría excluir a Bach del cielo? ¿y a Mendelsson?

Yo Me apunto a un único cielo en el que pudiera estar la evangelista Ella Fitgerald y el católico y masón Mozart, el judío Mendelsson y el ortodoxo Tchaikovski.

Me gustaría saber cómo compondría el católico Chopin después de haber escuchado al judío Gerswhinn.


Y Camarón, Louis Amstrong,  Carlos Gardel o Mercedes Sosa, ¿Que harían Haendel o Monteverdi con sus voces?


Un cielo así, recreativo, merecería la pena vivirse eternamente. Personalmente iría de ensayo en ensayo y de concierto en concierto. Dedicaría algo de tiempo a mi familia. Pero creo que mi pasión musical es más incansable que la suya. No sé como me distribuiría la eternidad.

 

-II-

Luego he pensado que yo no quiero estar en el cielo así con mis cuarenta y nueve años, con gafas y mi incipiente sordera, me gustaría tener como veinte años, supongo que  mi padre también querría estar ahí con veinte años, y mi abuelo y todos mis antecesores, a mí me gusta mucho la historia y escuchar experiencias vitales,  les preguntaría por sus vidas, y todos con veinte años me las contarían ¿Pero cómo nos llevaríamos? ¿Qué tipo de respeto intelectual se siente por una persona de 20 años, todos con menos cultura que yo?

 

Creo que no entenderían, mi padre nunca ha entendido, mi afición por la música. Por volver otra vez con los músicos, sigo pensando en Beethoven seguro que también elegiría tener veinte años y no estar sordo, y sin ese  desgarro, ¿la música le saldría la tan rotunda, tan genial? Y el loco de Schumann, que tuvo que hacerse compositor porque se estropeó la mano al colocarse unas maderas para estirarse los dedos con la intención de  dar acordes más largos. ¿Y si a los 20 años decide ser virtuoso pianista y no compositor?

 

Y Bach con 20 años y sus dos mujeres, ¿qué problema no? La fértil Bárbara y la encantadora Ana Magdalena, las dos en su casa. Y encima todo el mundo (Bach es el músico favorito del 80% de la humanidad), queriendo hablar con él.

 

Por último, me da por pensar para qué servirían los médicos en el cielo, vaya conversación más pobre sobre las enfermedades de la tierra, y ¿los abogados con todos sus líos?  Y los policías, los vigilantes,  ¿De qué hablarían? Batallitas, anécdotas, experiencias vitales. Pero a mí no me daría tiempo a escucharlos habiendo tanta música.

 

El cielo, como todos los sueños, es inagotable.

martes, 3 de diciembre de 2013

CARLOTA RAINSBERG, UNA NOVELA INTRANSCENDENTE


Todo lo que encuentre de este autor a un euro lo compraré y lo leeré. También leo, dosificando, de la biblioteca pública; que hay unos cuantos.
Este libro no me gustó al principio nada; afortunadamente no eché mano de él después de nuestro encuentro con el autor en una calle de Santander, porque no me habría encantado ni, a lo peor, inoculado el virus muñozmolinista. No habríamos programado nuestro viaje a Úbeda  y Baeza, quizás sería más pobre en sensibilidad, en apreciación (no lo sé: también habría leído otros libros en su lugar).
Me molestan los libros en los que el autor (o el editor) presupone que todos dominamos un poco el inglés. El libro es la narración que le hace un viajante español a un residente español en un aereopuerto, cuyas pistas están temporalmente cerradas (por un "temporal" de nieve, perdón por mi chistosidad)  de un ligue que tuvo en Buenos Aires.
Como he dicho, utilizan expresiones en el idioma franco y del imperio, que entorpecieron mi lectura. Por otro lado, el interlocutor-residente que uno identifica con la cara de Muñoz Molina no cae bien, también por empeñarse en utilizar expresiones en inglés, (cosa que, por otro lado, se critica). No sé si hay un mensaje dentro del mensaje.
Quizá no lo empecé bien, quizá que en el prólogo AntonioMM explica por qué, más bien pide excusas por haber escrito este libro (de encargo).

Eso mediatiza, pero es mucho, nadie lo sabe como los seguidores de este blog, mi aprecio por el de Úbeda, así que no iba a dejar de leerlo, aunque fuera por cobrar la pieza. Uno mismo (yo), a veces, no hago cosas sublimes, ni siquiera excelentes: pues a los grandes les pasa igual. No recomiendo el libro aunque, al final se deje leer, como uno más de cualquiera.