lunes, 10 de marzo de 2014

OTRO MUNDO DIFERENTE DEL QUE VIVIMOS

Sebastiao Salgado “Génesis”

Creíamos que todo ya estaba en Google y no es cierto. Tiene que llegar un visionario que atraviese los confines de la globalización y nos enseñe un mundo recién nacido ignorante e ignorado, de una belleza  “increíble” con la que (aún) compartimos planeta; para eso se inventaron las fotos: para mostrar lo importante, para contar algo, para conservar. Y es Salgado un fotógrafo que hace 30 años sorprendía con la profunda humanidad de sus retratos en blanco y negro de trabajadores o de éxodos. Ese tocador de llagas logró impresionarnos, y se nos quedó el nombre del artista, Como el de Paco de Lucía que recordamos como referencia, como clásico. Pero nos olvidamos de su hondura: nacen tantos artistas, tantas liebres que seguir saltan ante nuestros ojos. Cuando volvemos a ver a Salgado como cuando volvíamos a escuchar a Paco de Lucía, nos damos cuenta por qué conservábamos el nombre. Estos años del XXI,  el fotógrafo anacrónico ha estado todo este tiempo en la quietud, olvidado del mundo del guasasp y del facebook, esperando luces, para fosilizarlas con la paciencia de un artesano del acecho y un artista de la captura, que todavía quema con luz un negativo, profundo, expresionista; no sé explicar por qué el blanco y negro cuenta sensaciones más penetrantes que el color, es como si los colores vistieran la esencia y el blanco y negro la desnudara más allá.

El mundo que nos muestra Salgado es la quintaesencia destilada de muchos viajes a selvas y desiertos, al extremo norte y al extremo sur. Y todo un gran viaje, una extraordinaria aventura, la condensa en tres o cuatro fotos. Es un artista de la elección, igual que el cincel de Miguel Ángel o el pincel de Velázquez, eligen un golpe, una dirección, un pulso, Salgado elige al final una foto, y al final del todo la portada del libro Génesis. Y acierta siempre.
Me lo compré. Acostumbrado a pagar un euro por libro, aquí dejé un billete de 50, pero ninguna inversión mejor ese día. Quería llevarme la exposición, repasar los detalles, compartirla…, al comprarlo pensé en el selecto grupo de amigos a quien puedo prestar esta obra impresionante (lo siento pero este adjetivo es el acertado aquí). En papel, varios kilos de libro, para detenerse sin megapixels de por medio, sin oír el motor del ventilador del ordenador.



Es un libro optimista, (no sé si será marketing) Salgado destina parte de sus beneficios a reforestar y cuenta que en un rancho de 700 kilómetros cuadrados lo está consiguiendo. El sábado pasado, en la exposición del edificio “Caixaforum” de Madrid, Salgado reforestó mi mente. 

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