viernes, 27 de junio de 2014

Creo que conozco a un creador de chistes.

Ayer, un conocido que tengo, de nombre Daniel, ingenioso, burlador de palabras, que siempre está proponiendo en toda conversación un humor fino e inteligente, me contó un chiste, que ha debido nacer anteayer, como muy pronto.
Resulta que en el auto de procesamiento de la Infanta Elena de Borbón publicado por el Juez Castro el miércoles, se vierte la expresión "ayuda silenciosa" para explicar la autoría o cooperación necesaria que se impute a esta señora de Urdangarín.
Mi amigo ya me planteó ayer por la mañana que ahora que ya no es infanta y que, a este paso, la van a sacar de la familia Borbón, la apellidaban "Elena Viagra", porque, como el Viagra, presta "ayuda silenciosa". Me reí y no le pregunté la autoría, pero conociendo su respeto por la propiedad intelectual, me habría dicho "me han contado", o lo he visto por tuitter o algo así. Así que concluí que he dado con un auténtico creador de chistes y además no tiene twitter.
Los chistes son y deben ser anónimos por naturaleza: una creación popular a la que sería pretencioso, antinatural,  poner autoría; es para que circule y que cada cual lo cuente con su gracia, añadiendo o quitando gesticulación o texto, -por ejemplo "Viagra porque presta ayuda silenciosa "para joder al personal" (digo yo porque con lo que se han llevado y defraudado nos han <<jodido>> a todos)-, sin más pretensiones.
Pero hoy, pensándolo, me he dado cuenta de que tiene que haber autores, algún venero del que brota la primigenia relación chistosa y he dado con uno. Voy a decir que "Daniel" es un nombre supuesto, por si acaso.

Yo me considero también gracioso, con buen humor, pero nunca creo haberme permitido crear un chiste con cabeza brazos y patas. Debía hacerlo, a lo mejor es necesario para todo literato y es la clave que me falta. Además, yo sí estoy matriculado en twitter que es, supongo, el lugar por donde ahora vuelan estas cosas.    

miércoles, 25 de junio de 2014

Dios nos bendiga

Ayer me escribieron en un email "Dios te bendiga" y me gustó. Verdaderamente a un ateo como yo le suena bien una bendición de Dios. Dejando aparte el sentimiento que encierra, es una preciosidad de frase. Me la escribió, además, alguien a quien yo no atribuía acentuados sentimientos religiosos; quizá lo quiso hacer por estar agotadas otras frases, quizá sea la excepcionalidad de su agradecimiento, pero fue hermoso como una nube blanca, angelical.
Aunque sea contradictorio con la razón, me dejo acariciar por la cultura-estética milenaria, no en vano llevo solo poco más treinta años considerándome incrédulo, y, por ejemplo, no concibo un pueblo bonito sin iglesia. Son quizá 1.800 años desde que el cristianismo se empezó a hacer mayoritario en en imperio romano y seguro que desde entonces todos mis antecesores han creído y soñado en Dios. Todos entraron y salieron por una iglesia, se casaron y nos bautizaron. Y todos lo han incluido en sus mejores deseos, porque Dios es "lo mejor". No sé si la chochez de este sentimiento de ayer merece un artículo de blog. Hoy ha cerrado el suyo, para concentrarse en una novela, Antonio Muñoz Molina; hoy procesaron a la hermana del rey Felipe VI, hoy el gobierno sigue cambiando el collar de las cosas y vendiendo humo, hoy siguen secuestradas las niñas nigerianas... después de aquello premiaron a las funamviolistas, pasaron las elecciones europeas, el atleti perdió la copa de Europa y España está de vuelta, eliminada del mundial "a las primeras de cambio" (también me gusta esta frase tan tópica). Las pobres niñas, los pobres padres lo sufren cada segundo, y Dios no nos bendice con esa mejor noticia, es más. las niñas están secuestradas por un grupo terrorista, que supuestamente, lo supedita todo a Dios. Es un dios que suena bien, nada más.
http://guerracivilenlas5villasdeavila.blogspot.com.es/2014/05/humanistas-con-la-boca-chica.html

martes, 24 de junio de 2014

crear y creer puestos de trabajo

Lo he escrito con minúsculas adrede. Ahora, con el buen tiempo, los ayuntamientos reciben dinero de otras administraciones superiores: diputaciones, comunidades autónomas, estado para contratar gente -nunca más de tres o cuatro meses-, en tareas de desbroce, pequeñas obras, casetas de información turística, etc. Lo "venden" a la opinión pública como creación de puestos de trabajo, pero eso no es crear ningún "puesto", porque un puesto de trabajo debe tener continuidad y esto no son más que jornales de maquillaje. Crear debe ser algo creativo. No sólo eso, la palabra creador tiene la mejor connotación de las posibles: está asociada a Dios. Imaginemos que la Creación hubiera desaparecido en 3 meses.
No sólo eso, actualmente los verdaderos puestos de trabajo son los que se destruyen, no los que se crean:
fábricas que se cierran. No he oído hablar nunca a nadie de que un  ayuntamiento ha destruido sesenta puestos de trabajo cuando se han acabado los contratos.
 Además, estas falsas creaciones, sirven para afianzar la "clientela" de los ayuntamientos, ya que los procesos de selección carecen de rigor, y hoy casi todo el mundo quiere un trabajo de lo que sea y por el salario que sea. Con lo cual el /la agraciado/a se convierte en los dos o tres meses del contrato en  un estómago recompensado o agradecido  ¿Quién te ha puesto en el puesto? Estamos hablando de un instrumento político y propagandístico.
http://www.tribunaavila.com/noticias/ayuntamiento-de-avila-y-junta-de-castilla-y-leon-se-unen-para-crear-67-puestos-de-trabajo/1403532016
Carece de sentido que el partido que gobierna en la mayoría de los sitios de España siendo teóricamente liberal,  se apoye en estas trapacerías estatistas para "vender humo".
No condeno esos jornales: yo trabajé cuatro años en 2004 para el ayuntamiento de Béjar en Fuentebuena, una pedanía aneja, cortando zarzas;  sé de lo que hablo. Y volveré a trabajar, si puedo, cuando pierda mi actual trabajo. Pero no me lo creo, ni pueden hacerme creer que me lo crean.

jueves, 19 de junio de 2014

ESTRÉS HORTELANO


Qué descansada vida la que huye del mundanal ruido... parece que haber comprado mi hermosa huerta de cuatro bancales, iba a prestarme el equilibrio bucólico de un hortelano autoabastecido y seguro del futuro: en los próximos años, de ninguna manera. Como muestra diré que adquirimos una mesa de terraza y seis sillas para el ocio y no me he sentado más que dos veces y las dos fueron para comer la comida que previamente había cocinado y transportado hasta allí, porque tuvimos invitados. La hamaca la disfruta exclusivamente mi hija y mi contacto con su cordaje se reduce a atarlo y desatarlo de los árboles, y a guardarla en un saco, para que no se ensucie.
Ya habréis notado que casi no leo. Las tardes y los fines de semana están apretadas por trabajo hortelano. Tengo entre manos “Bomarzo” de Manuel Mujica Láinez: una delicia estilística de más de 600 páginas, pero morosa y regodeadora;  ¡como para ir de dos hojas en dos hojas al borde del sueño! Menos mal que el trabajo me deja huecos para escribir en la oficina.
A veces me caía de siesta después de comer, pero ya no puedo permitírmelo. Estoy haciendo cimientos por donde debería pasar el agua de riego; colocando y asentando piedras apretadas para que queden lo más firmes posible y no cedan con el peso del agua del estanque que construiré, (mejor mandaré construir, encima) por ello ya llevo cuatro o cinco días sin regar por la acequia y las reservas que tengo acumuladas en unos toneles de plástico están demediadas y ni siquiera me servirían para un riego de todas las patatas. Ahora -miércoles- tengo que esprintar en la pesada colocación de las piedras hincadas a nivel y después echar cemento sobre ellas para que se seque y pase el agua lisamente por arriba, sin descolocar nada. Me conformo con poder enganchar la acequia el viernes a última hora. Ya hará una semana que los pimientos y las patatas no beben agua nueva. Mi estrés se une a la inseguridad de que, lo mucho que estoy trabajando y comprometiendo, al final sea un aglomerado inútil y el albañil me diga que va a ser dinero tirado construir un estanque encima. Tengo fe en mí mismo, una fe de carbonero, ni siquiera me permito el lujo de  buscar vídeos por internet de “cimentaciones en cuesta, en lugar de imposible acceso para un camión hormigonera, reutilizando unas piedras blandas e irregulares sobrantes de paredes derrumbadas  para que no estorben, con escaso cemento y arena, porque han de ser subido por unos hombros y espalda maduros, por una larga pendiente del 25 ó 30 por ciento”.

Así desembocaba antes la acequia, he movido una pequeña montaña de tierra y piedras,
las piedras que han salido de aquella "montañita" las aparté mientras distribuía la tierra por la huerta 
y ahora estoy montando la plataforma con ellas, 
cuando me aburro de colocar piedras y ha llegado al nivel. lo lleno de cantillos y le echo cemento

Menos mal que estaba en forma, con el cuerpo bien engrasado por el ejercicio, que me inicio lo menos abruptamente que sé en el trabajo, que a veces me siento a colocar piedras pequeñas y que me lo tomo con calma escuchando música clásica (he oído ya seis veces por la radio el concierto de violín de Brahms; lo programan constantemente), que paro a abastecerme de no menos  medio kilo de los azúcares de mis cerezos y aún así, cada vez que me levanto de la cama, la espalda me grita que existe y que debo mantenerla recta, ponerla a funcionar con cuidado. Pienso entonces en la gran cantidad de piedras que muevo, las regaderas de 15 kilos que transporto y vuelco hacia las lechugas o tomates, las mochilas, las sobrecargas, los cincuenta años que se me llegan... Este verano (en cuanto acabe con el estanque) tendré que levantar una pared de piedra, de unos 20 metros cuadrados; bueno, espero poder hacerlo. Ya tengo ocho sacos de cemento y un poco más de un metro cúbico de arena esperándome al pie de la derrumbada pared de abajo. A ver si consiguiera hacerlo todavía con 49. Tengo poco más de tres meses.

martes, 17 de junio de 2014

OTRA VEZ SALAMANCA

Volver a Salamanca en sábado primaveral y verla engalanada de turistas encantados, y de salmantinos honrando sus calles, le hace a uno sentirse mínimo, dichoso de que le dejen estar en un sitio tan elegante. Llegar a su Plaza Mayor tan luminosa, tan viva, es entrar en el espectáculo “mayor”. Necesito bastantes minutos de reflexión solitaria, -mientras mi mujer y mi hija han entrado a comprar ropa de verano en varias tiendas-, para darme cuenta de lo sórdido, de lo crítico, de todos los trozos de pellejo y algunos de sangre compartidos con esa maravillosa ciudad, que cojea siempre bajo lo deslumbrante, pero más ahora, como todo el mundo de crisis. Aparecen también malos recuerdos: todo lo que se ha vivido, en mucha medida, se ha sufrido.
Pero siempre la amo, aunque no pude dejar de indignarme de que el más vil futboleo haya tomado las terrazas de la Plaza, (quizá no todas), con unas televisiones estorbando la vista del espectáculo vivo y directo de su saber ser y saber estar, para que algunos clientes, griten en el “marco incomparable”, celebren, digan huyyyy o maldigan los goles en contra. Los aparatos tienen en sus soportes una bandera española, futbolísitcamente en horas de ínfima moral, desde que perdió cinco a uno con Holanda. Quizá la bandera sea, ante la decepción, ya no un reclamo, sino una señal visual para que se vea bien  y no topiece nadie con el invento.
Como salmantino, de tantos años, me parece que esto no se debería consentir. Que alguien venga a visitar las doradas piedras animadas por la hermosura de los orgullosos ciudadanos que se quieren ver a sí mismos como actores fecundando coralmente el refinado paisaje pétreo y halle convertida, esta plaza tan singular, en multisalas de bar de barrio, con la misma pantalla que todo el mundo de todo el mundo está viendo exactamente lo mismo, me parece que es “perder clase” y un grave insulto a los degustadores de la belleza. Salamanca siempre ha mimado a los viajeros que se llevan el perfume, el virus contagioso, de su amor por ese ambiente; no hace bien ahora.

También vi, todavía más, comercios cerrándose, e imaginé sus calles de noche, como las vivía hace un año. También volvía a aparecérseme la mendicidad, los grupitos organizados de estudiantes con camisetas conmemorativas y atuendos seudograciosos: estas cosas estaban empatando estrepitosamente el partido del encanto.
Pero algo, el motivo de nuestro viaje precisamente, vino a remontarlo.
Acudimos a ver un coro del que es miembro y pianista acompañante el profesor de música de mi hija. Fue una delicia. Me asaltó la emoción con las polifonías, más cuando recordé que “yo estuve allí arriba”. Eché sinceramente de menos el placer de cantar y mirarme de reojo con los compañeros, las entradas, las superposiciones, ese planear, flotar artísticamente  de las voces enfrentadas o superpuestas, esa “compañía”. Vale la pena aunque se pase uno mucho tiempo ensayando ( y algo estudiando).
El concierto fue de lo más popular: musicales, música de cine y... Disney, eso que parece dulzón, tontorrón, buenazo, infantil, pero está en nuestras vidas; y estaría aunque no hubiéramos tenido una hija. Es tan comestible que resulta una gozada compartirlo desde abajo, aunque tiene que ser mayor placer encender y alimentar el fuego coral desde arriba. Envidia, otra vez..

La música y los anónimos entusiastas culturales que surgen igualmente sorprendentes que las setas, me enriquecieron de nuevo. El encanto ciudadano venció, otra vez, el partido.

jueves, 12 de junio de 2014

UN APELLIDO IMPONENTE

Un muchacho provinciano apellidado Mayo sólo podía tropezar su codo con uno apellidado Frübeck, en la mili. http://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Fr%C3%BChbeck_de_Burgos
Los dos tratábamos, a mediados de los 80, de librarnos del año militar por algún defecto físico. Todos los españoles éramos iguales, de principio, ante el servicio militar y debíamos padecerlo: lo mismo el hijo de un cantero, que el de un director de orquesta con amplísimo vuelo internacional.
Yo, casualmente,  me había hecho daño en la rodilla al bajar saltando del remolque de un tractor. Cuando fui al especialista me dijo, después de mirar la radiografía, que si no había cumplido todavía  “la mili” podía alegar el osteocondorma solitario congénito que aparecía en la placa; que era una causa de exclusión. Ya un zapatero unos años antes me había dicho, al venderme unos zapatos, que tenía mucho puente en el pie, lo que se llama el “pie cavo”, y que si lo alegaba me libraría de la mili. Obviamente le compré los  zapatos y, aunque nunca me lo creí demasiado, añadí en mis alegaciones también esta segunda tara para presentarme a la revisión médica.
Estoy por asegurar que a “Frübeck junior” le exploraron deliberadamente (además, alguno de los médicos amigos de la familia, nosotros no teníamos de eso) para buscar algún defecto que le evitara el engorroso año. En cualquier caso, no creo que lo descubriera a consecuencia de tener que tirarse del remolque de un tractor.
Nuestro encuentro, sucedió en el Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid. Allí, entre reclutas heridos, soldados enchufados que hacían el servicio a la sombra y con enfermeras, (muy chulos y autoritarios con lo quintos y con el resto de los pacientes sin graduación), altivos médicos con galones pasaban como sultanes entre el ganado variopinto y multirregional que trataba de librarse de la mili. Algunos tenían taras evidentes, no sé por qué les habían hecho viajar hasta Madrid para comprobarlo. Todos, indefectiblemente fumando en los pasillos, con caras rurales o barriobajeras, esperábamos escuchar nuestros nombres y, de vez en cuando, alguien nos amonestaba y exigía que haciéramos colas marciales para ser recibidos por aquellos médicos o enfermeros de muy mala hostia. 
Yo, como había alegado lo del pie cavo, después de las radiografías debía ser visto por el traumatólogo. Allí ya había menos “ganado” y todavía estaba ese joven Frübeck educado, con atractiva soltura aristocrática. Nada que ver con la cara huidiza de miedo cerval que predominaba en los demás.
Me acerqué a él por “tocar fama” y para preguntarle por su padre. No recuerdo si hablamos mucho, creo que me dijo que estaba dirigiendo en Alemania, y poco más, supongo que me atendió cordialmente porque estaba sorprendido de que un perrecluta, como los que nos circundaban, conociera el verdadero valor de su apellido. Lo cierto es que al capitán médico, al abrir la puerta, le debió de parecer que éramos amigos y que yo le acompañaba, como introductor y guardaespaldas frente al populacho.
-Pasad, pasad, y le llamó por su nombre de pila, muy atento, amable, preguntando por su padre, por donde iba a pasar el verano, ¡ah! en Navarra, en la finca(lo recuerdo porque su padre murió ayer en Pamplona) todo amabilidad. Echó un vistazo, firmó unos papeles sonriendo, bueno, ahí lo tienes: un año de vida que recuperas, aprovéchalo. Se despedía dándole la mano y también iba a darme la mano a mí, que no se la negaba ¿Y tu amigo...?
-No, no somos amigos todavía, -respondí yo- sólo soy admirador de su padre y también vengo a revisión.
-¡Ah!, retiró la mano y cambió el rictus, es usted Mayo Garcinuño,  sí... aquí lo tengo, espere aquí; y acompañó a la puerta al bien apellidado, reiterándole el deseo de unas buenas vacaciones.
Yo estiraba una sonrisa interesada a ver si mi suerte iba a aprovecharse de aquella ola tan favorable en la que el destino me había subido. Pero el capitán volvió con análoga de milico de mala hostia que había visto en trámites anteriores.
-¡Descálcese!
Yo, por consejo de mi novia llevaba calcetines negros y no los blancos que acostumbro, y me quité los zapatos.
-¡Totalmente!, le he dicho que se descalce.
No es necesario decir que la sonrisa ya estaban de más. Traté te encorvar algo la planta del pie, pero él, enérgicamente, me dijo:
-¡Asienta bien el pie, coño!
Cómo no asentar bien el pie.
-Usted no tiene el pie lo suficientemente cavo para librarse de la mili, y su osteocondroma es pequeño, y además operable. No creo que le duela habitualmente.
(Era cierto, lo siento a veces por las revueltas del tiempo al subir o bajar  escaleras o cuestas, pero casi treinta años después esta intermitente molestia no ha sido suficiente para operarme).
-Pues me duele bastante.
- ¿Qué vas a decir?....
Me puso en el papel “excluido temporal”. No me acompañó a la puerta. Dos años después mi osteocondorma congénito volvió a salir en la radiografía y entonces me libré de la mili igual que Frübeck. Pero aquel reconocimiento es historia para otro día.


Esta foto en que estoy subido en el remolque de un tractor, es de por aquellos tiempos.  
(Es por poner una foto, que las últimas veces el blog está excesivamente textual).

PD El director de orquesta Rafael Frubeck de Burgos murió ayer. 

martes, 10 de junio de 2014

La decrepitud.


Yo he sido propietario de tres coches. Los dos primeros fueron de segunda mano y en ellos  me curtí de inquietudes por los anómalos ruidos y por las chivatas luces que se encendían, y conocí muchos talleres mecánicos. Los he empujado muchas veces y muchísimas más los he tenido que arrancar “a tirón”, además, en los sitios más inverosímiles. También tuve que solicitar una grúa, acortar viajes y, en general, andar inseguro por la vida. Cuando había una crisis, siempre pensaba si merecería la pena arreglarlos: quizá habría que darles de baja y comprar otro. Mi coche actual que compré nuevo, aún no llega a seis años y, hasta ahora,  ha sido como mi perdida  juventud: una gozada vivirlo con la notable seguridad de que no fallaría y que, si fuera así, merecería la pena arreglarlo,
Así es la vida, pero al revés: ahora que me acerco a los cincuenta, y mi cuerpo parece como de segunda mano, todo son ruidos, señales inquietantes y chasquidos raros, malestares, inseguridades, facturas por haberle exigido más de lo que ya me deben mis rodillas, espalda, manos, vista, oídos... Ahora, tener un sueño seguido de seis horas es un regalo que agradezco cada mes, si -con suerte- me pasa. 
Mi cuerpo es lo único que tengo y  parece que siempre me merecerá la pena arreglarlo, aunque puede que si llego a los 80 y se presenta una dolorosa e incierta operación (quizá para entonces cara también, porque haya que pagar la sanidad) decida dejarlo morir y llevar al desguace.
Lo peor es la actual falta de confianza, de autoestima física: esa tópica sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Recuerdo muy bien el día exacto que empecé a dejar de sentirme macho dominante; (voy a decir que yo cuando era joven y veía un grupo de chicas trataba de parecer guapo, miraba y quizá me sentía mirado y me sentía capaz de responder con poderío, de estar a la altura. Después tuve novia y ya salí de la competición, al menos en su presencia no podría gallear. -Nunca tuve pretensión de poner cuernos, sólo de “estar” en el mercado de la atracción-).
El día exacto, sería por 2004, con aproximadamente cuarenta años, estaba yo paseando por la noche en Ávila con un amigo; las calles estaban solitarias. De pronto, por la misma acera se acercaban dos chicas esbeltísimas, con el chándal del equipo de voleibol de primera división que había por entonces. En ese momento metí tripa, icé mis hombros, quise sentirme guapo, como un pavo real que muestra sus plumas cuando está la hembra por allí, pero las chicas pasaron del todo indiferentes a nosotros. Yo exclamé en voz alta: “en mi vida me he sentido más invisible”  Fue mi toma de conciencia inicial, ya no tenía un físico que pudiera resultar atractivo, competitivo (quizá nunca lo tuve, pero siempre me ponía en disposición) perdí la fe.
Bueno, pues ahora, las inseguridades se han asentado en el borde de la salud. Sólo confío ya en el atractivo de mi intelecto, quizá por eso escriba este blog, para seguir intentando sentirme deseable, para seguir galleando. Espero que la decrepitud no esté llegándome también.

viernes, 6 de junio de 2014

Los jueves por la noche en la 2

Hay que reservarse un par de horas para ver un extraordinario documental de un fotógrafo francés que nos presenta el mundo desde el aire. Tiene más medios todavía que Sebastiao Salgado, y su color es tan poderoso que casi hiere los ojos. Por supuesto, el movimiento de captura de imágenes es espectacular, no sé si es superable en plasticidad.
Lo malo de los documentales de naturaleza es que terminan por ser deprimentes y pondré dos ejemplos: los pescadores artesanales de Senegal ya no sacan suficientes peces tirando de sus redes hacia la playa porque se han asentado enfrente de sus costas grandes barcos pesqueros industriales del primer mundo, (y luego querremos que los pobres no vengan aquí, si les estamos robando la comida). Alguien dirá que hay un tratado y que se pagan cuotas al gobierno por pescar, ¿Pero es lícito que el gobierno venda el mar a los países ricos? Además, es lo habitual: ¿A qué bolsillo corrupto irán los dineros? ¿Es lícito que sea legal que nosotros podamos comprar ese pescado por variar nuestra dieta, sumiendo en el hambre a quienes nada más tienen?
Una sorpresa para mí fue una extracción petrolífera en Canadá que, perdida en alguna esquina del país de menos densidad de habitantes, resulta ser la más contaminante del mundo, por los métodos químicos que utiliza para sacar su “petroleo bituminoso”. No obstante, desde el cielo, el narrador nos hacía notar la pardógica plasticidad de los dorados con los que contaminan las aguas. Con lo bien que me caía Canadá, refugio de lo desertores de Vietnam... pero al tener tanto hermoso, parece que no les importa estropear un minúsculo porcentaje de su naturaleza sin gente. Es lo malo de la petroleoadicción en la que vivimos todos los que podemos.

La belleza impacta y encanta, pero el mensaje permanece y corroe mi tranquilidad. Hace falta un gobierno mundial que impida desmanes como éstos, y es más importante todavía que perseguir los paraísos fiscales, y a los delincuentes. 
“el género humano es la Internacional.
Y no es política trasnochada ni demagogia: nos estamos cargando nuestro mundo y no sólo a sus habitantes más débiles. Es urgente que aparezca una instancia superior a los "cegatos" gobiernos nacionales para evitarlo. Y que tenga poder real. Quizá es la única causa por la que merecería la pena morir, salvar el mundo. Lo peor es que, con nuestra indiferencia, seguimos matando senegaleses o bangladesíes(1); pero es de temer que la mayoría enfermaremos y moriremos, como los judíos en las cámaras de gas, sin haber intentado una rebelión.


martes, 3 de junio de 2014

MONARQUÍA CONSTITUCIONAL

Lo de la monarquía no creo que sea algo querido por los españoles. Fue un trágala que propuso Franco y ahí se quedó. El actual rey fue lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que tenía que abrir el juego del poder y convertir a España en un país homologado con el resto de los vecinos europeos. Era necesaria su iniciativa para ello y supongo que ahí se asentó con la mayoría. Llegó a tener mucho prestigio y a ser bastante querido por gran parte del pueblo. Era cercano y como que le debíamos algo. Era cómodo, para nosotros y para él; se quedaba con el cariño y lo del gobierno lo resolvían los políticos. Como no cometía errores, -que se airearan, al menos-, daba la impresión de ser un lujo razonable.
Yo no amo el “glamour” ni las ceremonias. No necesito reyes para que corten cintas de inauguración y lean discursos anodinos. Pero he escrito aquí que considero la monarquía lo más barato y efectivo para estas cuestiones: un alto funcionario cualificado para pompas y circunstancias.

Aunque la institución es antidemocrática, el rey no me estorba; pero también, por principios, estoy en contra. 
No me parece prioritario ponerlo patas arriba, nos meteríamos en un kilombo jurídico: al estar blindadísimo por la constitución, habría que cuestionar a la vez muchas más cosas y más importantes. Atravesamos un río revuelto y quizá lo más prudente es no tocar lo que razonablemente funciona; con la excusa de la mudanza no se deben tirar demasiadas cosas; luego, cuando se necesitan, no se encuentran. 
Pero también creo que yo debería empujar, ahora que está caliente el asunto: que el pueblo decida. Puede que la mayoría de los españoles no quiera ya mantener el lujo. Desde luego, yo no estoy por sostenerlo, pero tampoco voy a empeñarme en quitarlo.
Lo digo porque esta tarde hay una concentración republicana en Béjar y no sé si iré: me parte mi jornada hortelana. Irán amiguetes míos y así tendríamos un pretexto para charlar; además,  “pasarán lista”. Pero también corearán eslóganes, levantarán el puño, exhibirán banderas republicanas... no me gustan las ceremonias, ya lo he dicho; esto me coharta. Entonces, la siguiente vez que vea a esos amigos, tendré que mentir que no me enteré. O tenía faena extraordinaria en el huerto (calculo que la tendré durante los próximos cuatro años, así que eso no es una buena excusa).
En resumen. Creo que si el rey hubiera sido más taimado, habría convocado un referéndum sobre la monarquía para legitimarse, cuando lo tenía a favor. Hubiera sido  un despilfarro económico, pero se hubiera apuntalado la institución. Lo lógico ahora es que ahora su hijo lo plantee para legitimarse y el resultado será más incierto. Contra esta propuesta está que el referéndum se convertiría en algo que dividiera más a los españoles. Aunque creo que  a todos nos da un poco igual, en una campaña todo se polariza y la gente estiraja la goma lo que puede y muchos “ se calientan”. Aunque ganara saldría tocado, no sé si más de lo que está. Pero ahora la institución está cuestionada y el nuevo rey debería cuestionarse. Me alegro de no estar en su pellejo, aunque él está entrenado para esta función. 
Personalmente concluyo que debería ir a la concentración: la democracia es la mejor salida. Pero depende de cómo me quede la faena en en huerto.

P.D. Al final acudí. A pesar de era una tarde maravillosa donde la primavera acababa de conquistar los parques y calles abarrotados, y  que también  pareciera que el republicanismo hubiera prendido en una parte de la sociedad española, y , estuvimos sólo entre treinta y cuarenta personas, (más un coche de la policía municipal y otro de la nacional en previsión de disturbios). Izquierda Unida nos invitó a un sorbo de champán en vaso de plástico y escuchamos  canciones de Quilapayún, Rosa León, y el para mí, musicalmente, chabacano Himno de Riego, todavía peor que la "Marcha Real de Granaderos"  Habría que hacer un nuevo himno español con letra sobre la música de la "folía española" o sobre Recuerdos de la Alhambra, como me sugirió un día mi amigo Luis Represa. 
Bueno, que estaban los mismos cuatro gatos izquierdosos de siempre, y algunos se preguntarían quién era el tipo de bigote que hablaba con Gabriel Cusac. Como ahora estoy muy atlético pensarían que yo era un poli infiltrado. 
El concejal de IU leyó un comunicado, que aplaudimos unánimemente pero cualquiera que midiera el entusiasmo con el que se inició el coreo de "España, mañana, sera republicana" sacaría la conclusión de que la monarquía peligra muy poco. La gente se miraba vergonzosamente y no se terminó ni siquiera una frase tan corta. En dos minutos, se había marchado la mitad de la gente. Yo aguanté otro par de minutos más porque Cusac me presentó a un amiguete suyo. 
En esta foto la tomo prestada de Bejar Noticias. es, por ahí en último plano ando, con una camisa roja, además,

lunes, 2 de junio de 2014

El hombre que despierta nuestra curiosidad.

Parece que mucha gente, en la que me incluyo, tenía interés el pasado fin de semana en saber más de Pablo Iglesias. Es lógico, y para la opinión pública no hay duda de que es el ganador de las elecciones; además, se comporta como si estuviera a punto de gobernar y sacarnos de este atolladero económico-social en el que nos encontramos, pero no le dejan hacerlo los que él llama “la casta”.
Yo creo que es muy listo, sabe lo que duran los fenómenos televisivos y no ignora que cuando se relaje esta ola ya no se levantará tanto o quizá no se levantará más. Le conviene hacer dentro de ella el máximo de fascinados, así como,  más aún le conviene, excitar el máximo de enemigos. No ignora que estos últimos son los que le hacen a uno grande en imagen política: hace mucho tiempo que todos votamos “a la contra”. 
Yo, por ejemplo, cuando tropecé mi curiosidad en una tertulia de la cadena de la iglesia católica sobre el personaje, si hubiera tenido en ese momento la urna a mano le hubiera votado: eran de un ruin tan estúpido los “argumentos” que mi simpatía llegó a la cota  máxima hacia este personaje.
No obstante,  creo que este personaje es un tartufo del siglo XXI: un seductor que sabe que es insostenible lo que predica. Sin embargo, acaba de demostrar que funciona electoralmente, y yo creo más: va a cambiar algo la realidad de los políticos, que es  un empeño encomiable para una sola persona, por muy hábil que sea.
Deseo, espero, que su acoso y derribo a la casta, a esos políticos profesionales y banqueros que nunca pierden y que viven en su paraíso político-fiscal, haga que algo de eso se tambalee, tenga fisuras, quizá se derrumbe. Es lo único real que salvo de su mensaje, y también es en lo que más incide él.
Tartufo de Moliere es alguien que entró sibilinamente y luego se aupó, pero el autor, que es del siglo XVII, se ocupa de desenmascararle, haciéndole soez  para el público. Ya se ha producido la indignación de todos los espectadores y parece que nos va a derrotar, cuando el rey, providencialmente e imponiendo su poder absoluto, llega a salvarnos y a vengarnos al pueblo de la derrota que nos había infligido. Pero eso es otra historia. Donde quiero ir es a que Pablo Iglesias seguro que trabajará la coherencia, nunca consentirá que le pillen en un renuncio. Siendo tan célebre ya necesita, ahora mismo, un guardaespaldas porque, si es accesible por la calle a todos los locos que buscan la notoriedad, está listo. Puede que hasta le maten.  Yo no sé si él sería feliz creando ese mito. Creo que no. Pero tampoco estoy tan seguro.
Porque es un mártir: a corto plazo, no podrá enriquecerse; mientras, su vida está llenándose de incomodidades, pero no puede procurarse, ni consentir que le procuren, una burbuja, va a sufrirlo, y mucho, sin una contrapartida directa. Lo cual será otro punto a su favor.
CONTENIDO
El trabajo político se lo están haciendo sus enemigos pero ahora mostraré como he visto que funcionó su mensaje.
Pablo Iglesias está muy bien entrenado dialécticamente, tiene buena dicción y mejor voz; también los pulmones de un corredor de cuatrocientos metros lisos. Es capaz de embrollar la conversación con varios contraargumentos durante 10 minutos; eso, en el medio televisivo es muchísimo tiempo. Resultaría intolerable para cualquier cadena privada que alguien monopolizara con su cara su “espacio de negocio” de esa manera. Entonces, con sus argumentos descaradamente demagógicos, siempre parece que gana.  Ayer, la incisiva periodista le inquirió para que lanzara el mensaje positivo, ¿qué haría si gobernara? y el político le respondió con tres patas, 1.- tratando de reformar el pasado 2.- diciendo lo que de ningún modo se puede hacer, poniendo ejemplos de otros políticos. Ella le repreguntó certeramente, para que no se escapara, pero él volvió a embrollar la respuesta, porque tiene mucho recorrido dialéctico y, ya lo dije antes, eso no lo soporta ninguna televisión.
En lo que más de acuerdo estoy con él es en el tercer punto: eliminación de los paraísos fiscales. Evidentemente eso no puede hacerlo un gobierno de un solo país, ni siquiera podría hacerlo ya Estados Unidos. Los “paraísos” son la gran lacra de las políticas sociales del mundo; los muy ricos, los futbolistas, los corruptos y los mafiosos, escapan con sus fortunas a esos burladeros y la sociedad se queda sin los impuestos, que sí pagan las clases medias y bajas. Es más, y lo que es peor: las sociedades contemporáneas tratan de competir con los paraísos fiscales, de manera que los muy ricos, futbolistas, mafiosos y corruptos se convierten en un objeto de deseo y se lo ponen fácil, de manera que se les está dando capacidad de presión. Mónaco, Andorra (donde no vive y quería tributar Montserrat Caballé) Suiza, Bahamas, Gibraltar etc. funcionan con las sociedades y las personas. La Costa del Sol y otras costas españolas albergan a parte de la mafia italiana y rusa, y estamos felices porque traen dinero.
De la competencia de todos los países por dinero se benefician los malvados y sus abogados. Estoy de acuerdo en que éste es uno de los grandes problemas y todo el que ponga semillas para ello está introduciendo algo muy positivo en el debate social.
Sinceramente deseo que Pablo Iglesias nunca se contradiga y caiga en lo que los demás. Si  su ejemplo permea los ciudadanos vamos a ganar, un poco, al menos.

ÚLTIMA HORA: EL REY DE ESPAÑA ABDICA: LE VA A PINCHAR LA OLA A PABLO IGLESIAS.