viernes, 13 de marzo de 2015

VENCIÓ TARTUFO.

www.elmundo.es/cultura/2014/04/30/5361327be2704ecf4d8b4583.html
Hay un disco clásico, inaugural en España de una manera de hacer discos en directo, se llama “Entre Amigos” y gira en torno a cuatro amigos –cantautores- de Luis Eduardo Aute que cantaron canciones de él y el anfitrión cantó canciones de sus amigos. Al final había una composición “ad hoc” en la que Luis Eduardo daba gracias a Silvio, Teddy, Pablo y Joan. Yo conozco y, porque los admiro, comprendo qué hacían en ese concierto Milanés, Serrat, y Silvio Rodríguez, pero nunca entendí el honor que se concedía a Teddy Bautista, que no es nadie comparado con esos otros artistas.

Teddy Bautista fue presidente de la SGAE: sociedad general de autores españoles, que tiene como fin y monopolio recaudar y gestionar los derechos de autor que se generen en España, para autores españoles o de cualquier lugar, de manera que, en cualquier ejecución pública irá a pedir cuentas de quién es la obra y a cobrar el porcentaje que la ley le asigne. Se quedará con los derechos de gestión y le liquidará lo estipulado al autor.

Eso está bien. Yo creo en la propiedad, también en la intelectual. Me parece bien que cada vez que alguien use públicamente la música de Paco de Lucía le pague algo a sus hijos, sobre todo a su hija pequeña que, salvo la herencia en dinero que le dejara, no tendrá otra.

Pero puede que gane más ese cuarto amigo invitado a aquel concierto de Aute. En tiempos, seguramente de gran bonanza, cuando se vendían muchísimos discos compactos a 15 euros, y muchas cintas de vídeo a 18 euros, cuando España estaba llena de bares que tienen que pagar un canon por tener música, la televisión o la radio encendida, este hombre y alguno de sus amigos directivos de la SGAE decidieron autoponerle una pensión vitalicia de más de 26.000 euros mensuales. Casi cuatro millones y medio de pesetas de aquellos tiempos que, a pesar de sus presuntos despilfarros y corruptelas,  un juzgado le ha reconocido cobrar, junto con una cuantiosa indemnización.

Yo no soy autor de nada intelectual que genere derechos económicos. En mi adolescencia compuse un vals para guitarra y una pequeña bossa nova, tan malos y cortos que se me han olvidado. Creo que ahora me molestaría mucho que contribuyeran a enriquecer de esta manera a ese señor.

Es justo que los autores cobren por la difusión de sus obras y es justo que los que se encargan de velar por que la gente pague les cobren por su trabajo de gestores. Pero esta sentencia es el triunfo de Tartufo quien para los que no los sepáis es un personaje que se metió sibilinamente en una familia y se hizo con todo para él. No cuento el final porque es una arbitrariedad promonárquica.

La infeliz noticia me ha sacado de la cama esta noche. El mal humor no me dejaba reconciliar el sueño Y me he puesto a escribirlo.
El único final justo de esta historia es que Teddy Bautista no tenga buena salud y que su abuso vitalicio les dure poco a los empobrecidos autores españoles. ¡Qué triste!  


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