jueves, 23 de abril de 2015

Lo público

Hace unos años decidí que mi pensamiento político no se encasillaría ni siquiera en una definición tan amplia y a veces difusa como "de izquierdas" que era como me hubiera definido antes. Ningún esquema constriñe así mi pensamiento sujeto sólo a la razón.

Lo que sí quiero manifestar es mi idea de un tratamiento exquisito de lo público. Como si fuera el peligroso mercurio o el valioso oro, deberíamos siempre manejarlo. Desde este idioma español, -que debo hablar y escribir de la manera más cultivada y cuidadosa, mayor cuanto a más público me dirija-, a la naturaleza, los ríos, los puentes, los trenes, las plazas, la electricidad... y todo mucho más siendo, como ahora soy, funcionario, me pagan por servir a los demás, por facilitarles la vida y debería intentar corresponder.

Lo público es más importante que lo privado, la limpieza de un río, de una plaza, del mar... es más importante que cualquier limpieza privada. Una empresa privada puede tener una oficina sucia o unas herramientas sin lustre pero sus emisiones han de ser las más limpias porque son públicas, y si se dedica a la alimentación, sus herramientas han de estar bien lustrosas porque podrían contaminar la comida del público.

De los espectáculos públicos (aunque nada pueda igualar al espectáculo privadísimo del nacimiento de mi hija) he obtenido momentos sublimes, -tengo para muestra en este blog una etiqueta que se llama crítica de espectáculos-, que han podido ser realizados porque iban dirigidos al público -pienso en los Miserables de Toma Teatro cuyo regusto a gran obra aún resiste en mi paladar-  incluso del hecho de haberlo disfrutado con el teatro lleno respirando pública emoción y no con cuatro gatos rodeados de vacío, nace mi devoción por lo público.
Somos más humanos si compartimos.
El las dos entradas anteriores, criticando mi conferencia o el último libro de Antonio Muñoz Molina he sido duro, exigente, despiadado. Ello es porque eran públicos y quiero que se respete al público; también, porque el reconocimiento público es un valor superior: si yo hubiera dicho una conferencia clara, brillante, emocionante, conmovedora, como he conseguido hablando del mismo tema en privado; el aumento de valor y de satisfacción que hubiera recibido, sería mayor que la suma individual de todas las personas que asistieron aquel sábado a mi conferencia. Si el libro de Muñoz Molina fuera de la excelencia que nos debe a los lectores, nos desharíamos en elogios y en peticiones de reconocimiento.
Si un reconocimiento público te da más, la justa contrapartida tiene que ser que un fracaso público te quite más. 
Por ejemplo, yo ahora, incluso repruebo que el suplemento literario Babelia de El País señalara a su última novela como una de las diez mejores del pasado 2014, y pienso que es por la corrupción -intelectual y de la otra- que produce el que sea un colaborador tan destacado de ese periódico y de ese suplemento.

Todos debemos servir al público, con esmero, diligencia y generosidad, nos va el bienestar político(1) en ello.





(1)digo esta palabra, sobre todo, en el sentido aristotélico, zoon politikon.

PD No me ha hecho falta hablar de la nefasta corrupción política, aunque esté en la mente de todos.

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